Paloma y Abelardo en la cantina de ‘Stars Wars’

Por YEZID ARTETA*

“Hay más policías que gente”, le comenté al oficial que sujetaba un walkie-talkie. El oficial de policía sonrió, mientras daba instrucciones a sus subalternos desde una prudente distancia. Alrededor de un centenar de personas estaban reunidas frente a una tarima desde donde la candidata a la Presidencia Paloma Valencia —acompañada de su fórmula vicepresidencial, además del exalcalde Enrique Peñalosa y del exministro Mauricio Cárdenas— lanzaba una diatriba contra el Gobierno. Las palabras de Paloma se perdían entre el rugido de las motocicletas, los frenéticos pitos de los autos y los chiflidos de los ciclistas que aprovechaban la ciclovía. Una veintena de calanchines, contratados para la ocasión, vitoreaban sin convicción. Si no fuese por el ruido, la agitación y la propaganda de los medios tradicionales, las candidaturas de la extrema derecha no despertarían ni un bostezo. 

La campaña de la extrema derecha, como en la sórdida cantina de Star Wars, está reuniendo a lo  peor y más grotesco de la galaxia política colombiana: condenados por corrupción como el “honorable” senador Ciro Rámirez; figuras relegadas por la ciudadanía como Katherine Miranda; vendehúmos como Enrique Peñalosa; derrotados como Efraín Cepeda y el clan familiar de César Gaviria; burócratas y mercachifles que aspiran a una corbata o a una promesa que los enriquezca de la noche a la mañana; y empresarios agalludos que se han forrado de plata durante el Gobierno de Gustavo Petro, pero quieren más. 

Qué se puede esperar de un candidato a la Presidencia —Abelardo de la Espriella—que trata de seducir a los votantes mediante un estrafalario concurso al Mundial de Fútbol. Abelardo reclama un debate sobre la nación con Iván Cepeda cuando sus “artes” a duras penas le dan para dirigir la oficina de rifas, juegos y espectáculos de una capital provincial. Observamos con estupor, Viejo Topo, cómo el retrógrado establishment colombiano pordebajea el listón moral y la idoneidad de sus candidatos. Si en el 2022 pusieron todas sus papeletas a favor de un viejo putero, corrupto y cascarrabias, en el 2026 apuestan por aspirantes que prometen volver a los tiempos en los que te sacaban un ojo por protestar o te mataban por estar en el sitio equivocado a la hora equivocada. 

Por el lado de la campaña de Iván Cepeda y Aida Quilcué las cosas transcurren de otra manera. Los expertos en marketing se rascan la cabeza buscando explicaciones a los multitudinarios actos, más allá del estoicismo de los seguidores que, desafiando los bloqueos en las vías patrocinados por la extrema derecha, los copiosos aguaceros y los calores infernales, acuden a las plazas para escuchar atentamente las propuestas escritas y verbales del filósofo y la india. El Pacto Histórico y sus aliados están llevando una campaña austera, sin postureos, sin despilfarros y sin puestas en escena. Seduciendo mediante la palabra y mostrando los logros conseguidos por el Gobierno de Gustavo Petro para la mayoría social del país. 

Una campaña para la gente trabajadora que ha visto mejorar sus ingresos; para los agricultores que recibido tierras e incrementado sus ganancias; para los millares de jóvenes que estudian con matrícula cero; para los soldados y policías que han visto recompensado su sacrificio con salarios decorosos; para los comerciantes que han notado el aumento de la capacidad adquisitiva de la gente; para los pueblos étnicos y raizales que observan como los suyos, por fin, han llegado a las altas esferas del Estado; para los viejos y viejas —como describe Petro a los adultos mayores— que reciben “algo” del país que ayudaron a levantar cuando gozaban de piernas y brazos jóvenes. Una campaña, incluso, para los empresarios, banqueros y corredores de bolsa que han duplicado sus ganancias en los últimos tres años y que, sin embargo, siguen patrocinando revistas, emisoras, radios y canales que magnifican los yerros del actual Gobierno y minimizan sus logros. El país, como vaticinaron los pseudo teóricos de la extrema derecha, no se derrumbó, por el contrario creció y ganó respeto ante los ojos del mundo.

Quedan semanas, Viejo Topo, para ir a las urnas. Llegan a la campaña de Iván y Aida un grupo de liberales demócratas como los exministros Juan Fernando Cristo y Clara López, asimismo la Alianza Verde, el Movimiento Libres y congresistas electos que se han separado de la vergonzosa y decrépita pandilla que se apropió de los partidos liberal y conservador. Mientras que a la campaña de Paloma Valencia llegan los perdedores, al tándem Cepeda-Quilcué están llegando los ganadores con sus bases. 

Apunte uno: Georgia Meloni, la primera ministra de Italia, recibió el apoyo de todo el arco político de su país —incluyendo a la izquierda— ante las descalificaciones realizadas por Donald Trump contra ella. Cuando el presidente colombiano Gustavo Petro ha recibido ataques desde el exterior, la extrema derecha apátrida se ha colocado del lado de los atacantes. 

Apunte dos: “Mi vida es una locura. Me dicen ‘El Rey de la Improvisación’ porque me llaman de todo el mundo para hacer alguna cosa”, dice Ronaldinho Gaúcho sonriendo ante la cámara. Netflix estrenó la miniserie documental Ronaldinho, que cuenta los orígenes y la singladura de uno de mejores futbolistas de la historia, y un buena onda en todos los sentidos. Te la recomiendo, Viejo Topo.

@Yezid_Ar_D

* Tomado de revista Cambio Colombia

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