La transformación kafkiana de Katherine Miranda

Por GERMÁN AYALA OSORIO

Katherine Miranda anda en modo «metamorfosis”. Por supuesto que la congresista no está sufriendo lo que soportó Gregorio Samsa, esto es, las circunstancias descritas magistralmente por Frank Kafka en su novela La Metamorfosis.

Aunque no volverá al Congreso porque en las pasadas elecciones se ‘quemó’, Miranda se está moviendo políticamente en búsqueda de un ministerio o cualquier otro cargo que le permita mantener el nivel de vida como congresista. En su transformación, Miranda amaneció con los crocs puestos y ahora defiende a dentelladas la candidatura presidencial de Paloma Valencia Laserna, la “muñeca” de Álvaro Uribe.

Mientras que Gregorio Samsa, el personaje de Kafka le contó al mundo el sufrimiento que soportó por haberse convertido en un repugnante insecto, Miranda practica el “manguismo”, “lagarterismo” y el “voltiarepismo”, características con las que muy probablemente sobrevivirá políticamente. Eso sí, su rostro raído de “progresista” asusta tanto como la imagen proyectada de Samsa en la referida novela.

Por estos días anda borrando los trinos con los que desempeñó el rol de “progresista y mujer de izquierda”. Sin duda alguna una actuación merecedora de premios nacionales a la mejor actriz de reparto (de indulgencias, abrazos y aplausos). Expertos en la farándula o farsándula criolla no se explican cómo es posible que no haya sido premiada por lo menos con un India Catalina. Algunos hablan de actuaciones memorables.

Entre los trinos que viene borrando de su cuenta de se encuentran verdaderas joyas que dan cuenta de su gran talento para la actuación política y electoral. Veamos algunos: “! ¡Les aseguro que jamás me verán en crocs!”; “Grandes personas que quiero y admiro mucho! (foto con los congresistas Inti Asprilla, María José Pizarro e Iván Cepeda). Y este otro: “Hoy me di cuenta que soy hormonalmente anti uribista”.

Del caso de Miranda por supuesto que no se ocuparán la literatura, la ciencia política y mucho menos la medicina por aquel extraño “desarreglo hormonal” que hoy padece.  Su condición de veleta ideológica le permitirá instalarse en las mesnadas uribistas.  La veremos defender el legado de Uribe Vélez y de llegar Paloma Valencia a la Casa de Nariño, las apuestas con las que el uribismo regresaría el país a los tiempos de la seguridad democrática, la privatización del Estado y la conculcación de los derechos humanos.  

Quizás algunos “culturólogos políticos” se ocuparán de la transformación de Katherine Miranda. A la revista Semana, la saliente congresista dijo una “Oviedad”: “Yo tengo muchas diferencias con Paloma, las tengo desde hace ocho años que nos conocemos, pero es una mujer que ha respetado la independencia, la Constitución, la democraciaY yo creo que en el momento que está viviendo Colombia, nos tenemos que encontrar en lo fundamental”. Al final, a manera de chiste, esta estrella de la actuación política reconoció a la misma publicación que le “duele aceptar que mi tía uribista tenía razón”.

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