Por HORACIO DUQUE*
El caso mediático de Angie Rodríguez, mosqueteado por los gurús de Semana, me trae a la memoria el del embolador Lucho Díaz (año 2000), quien pasó de limpiar zapatos en la Plaza de Bolívar a ser flamante concejal de Bogotá, con todas sus ridiculeces y salidas folclóricas conocidas.
Angie es algo así como “La reina del sur» (de Molinos/La Picota), con un recorrido social tortuoso y quebradizo.
Se fue haciendo a golpes de suerte y, paso a paso, construyó un mundo que la acercó a los temas de la política y el gobierno. Sus estudios en la Esap le agregaron elementos a su precaria educación básica, como para dar apoyo a ediles y concejales en la gestión de agendas y manejos administrativos digitalizados. Una hormiguita en ese oficio, que le dio reputación.
Asesoró a concejales vargaslleristas en Bogotá y posteriormente a funcionarios de la alcaldía de la capital, como Guillermo Alfonso Jaramillo, actual ministro de Salud. A su vez, fue la mano derecha del pastranista procurador Carlos Felipe Córdoba.
Luego aterrizó en la oficina de la senadora Clara López, y de ahí salto al ministerio de Salud, otra vez con Jaramillo, dónde la encargaron de las relaciones legislativas con el Congreso, espacio en el que tejió redes con la politiquería gamonalicia tradicional.
Fue Jaramillo quien se la sugirió a Petro para reemplazar a Laura Sarabia en la presidencia. Rápido cogió el engranaje del Dapre y armó su propio establo, a la medida de sus cálculos y oportunismos. Proyectó sus propias territorialidades burocráticas y administrativas, con sus significados y lenguajes híbridos, entre la derecha y lo pintorescamente popular; político pop bogotana. El manejo de las “Gestorías de paz” (con Benedetti y Correa de Lugo, su gran inspirador) fue su mejor oportunidad para ingresar a los espacios de poder real ensangrentado de los herederos de Carlos Castaño asociados con los Pactos de Ralito y la parapolítica.
Con los jefes de Ralito fue amor enloquecido a primera vista, hasta terminar acomodándose con una de esas siniestras familias hegemónicas en Valledupar, ciudad en la que les organizó un “caguancito” paramilitar para que su suegro, el tal Jorge 40, recuperara sus viejos tejidos de crimen y sangre en el Cesar y la parte oriental del río Magdalena; fue algo aterrador e insólito, que a más de uno nos sorprendió, por las ventajas y prebendas otorgadas a estas viejas figuras de la masacre y el despojo de más de 10 millones de campesinos; algo que tenía sin preocupación a la susodicha estrella.
Digamos entonces que ahí, se ganó la lotería como trepadora social. Enseguida vino el descontrol y la fantasía: era directora del Dapre y gerente del Fondo de Adaptación al mismo tiempo. El tesoro acumulado la deslumbró y proyectó su paso siguiente: ser alcaldesa de Bogotá. Un completo disparate, pero aun así pasó a disponer arreglos electorales y se inventó un proyecto de recuperación ambiental con habitantes de la calle; de manera simultánea, acomodaba concejales y ediles con pequeñas cuotas para ir preparando la lanzadera electoral adecuada.
En el Fondo de Adaptación -es lo que se dice- avanzaba con nuevos frentes románticos para añadir a los preparativos de su nuevo rol como Baronesa de los bogotanos.
En esas estábamos con este esperpento de las periferias de los chircales capitalinos, hasta la «puñalada traperas» contra el proyecto político del presidente Petro. Semejante culebrón emana de las profundidades del degradado mundo de la politiquería bogotana, con portadas en Semana y en otras infraestructuras mediáticas de la ultraderecha neonazi (Blu Radio, Caracol, La FM, El Colombiano), en plan de recuperar el gobierno, para lo que también están en la operación Júpiter, en el formato que acostumbran los servicios secretos de las potencias occidentales.
No me cabe duda de que la cadena de atentados que se viene dando es una estrategia desestabilizadora para propiciar el triunfo del bloque que encabeza el caballista del Uberrimo; escenario en el que será bienvenida esta baronesa en ascenso, reina luminosa del sur de Bogotá.
* Horacio Duque es historiador y analista político.