Por PUNO ARDILA
Una profesora de artes decía que el mundo moderno reconoce como arte si alguien se sube al escenario con una guitarra, y, sin saber tocarla, arma un espectáculo de luces, colores y movimientos, y al final coge todo a golpes y destroza la guitarra contra el escenario.
Eso me pone a pensar hoy en la propuesta del equipo de Bad Bunny; sí, del equipo, porque no creo que él solo haya armado todo ese montaje aparatoso con el que se causó un impacto impresionante en pleno corazón de los símbolos estadounidenses. La propuesta lanza un mensaje claro, aunque no por el español del protagonista, por supuesto, porque su media lengua es ininteligible hasta para sus paisanos centroamericanos, sino por la cantidad de elementos visuales y sonoros referidos a las invasiones físicas y culturales de Estados Unidos en los territorios y en las administraciones de los pueblos latinoamericanos, e incluso el caso de Hawái, que no es latinoamericano, pero, si se hila fino, el conejo tampoco lo sería. En fin…
Buena idea también fue haber incluido en la nómina a dos cantantes verdaderos, Gaga y Martin, como apoyo para el espectáculo, cuyo protagonista no es precisamente un cantante, o pueda que sí, pero es difícil catarlo si no se le entiende su jeringonza gutural. La inclusión de verdaderos artistas del canto le dio altura al espectáculo y aire de seriedad. Aunque la propuesta en verdad no giraba alrededor de la música, sino del montaje, y del mensaje, el factor musical de veras era clave, y me parece que con esos dos cantantes se logró con fuerza el propósito. Aplausos por ello.
Entonces, para resumir, la propuesta planteada en ese escenario norteamericano fue tremendamente osada y, además, necesaria en estos momentos en que urge la reivindicación de los pueblos de Latinoamérica. Y eso también se le aplaude a Bad Bunny, por supuesto: no faltaba más.
Ahora, si revisamos los factores que impulsan el éxito de “artistas” como este, todo gira alrededor de la invasión comercial del espectáculo, gestionada y motivada especialmente por Estados Unidos, así que hay que pensar que este conejito pueda estar dándose un tiro en el pie. Ojalá no, por su loable propósito de esta vez; pero ojalá sí, por el derecho que tenemos del acceso a la buena música.
Volviendo a la profesora de marras, aquella vez le respondí que estaba de acuerdo con su afirmación, aunque no sabía con exactitud en qué disciplina artística podía encajar ese bochinche; tal vez “instalación”, o “performance”, o danza moderna… yo qué sé; pero música no es. Y sobre Bad Bunny como cantante no tengo discusión, porque musicalmente no da señal alguna; pueda que tenga talento musical, pero no lo demuestra.
@PunoArdila