El teatro de Barreras

Por YEZID ARTETA*

Reciclar es una buena acción ciudadana: la basura vuelve a ser útil y los recicladores ganan unas monedas para comer. No ocurre lo mismo con el reciclaje político, donde a veces sale una suerte de Frankenstein que, armado con una escopeta de regadera, “dispara” a la bartola. Está ocurriendo en el extravagante laboratorio político de Roy Barreras. Allí, Viejo Topo, están reciclando a una serie de personas —no alcanzan a ser personajes—, con altisonantes siglas que nadie recuerda y partidos con nombre, pero sin gente. Los costosísimos y angustiados asesores de Barreras han montado de la nada una especie de teatro político y puesto en escena a una comparsa con la sola misión de descalificar o atacar a la decorosa y coherente candidatura de Iván Cepeda. 

Las entrevistas con Barreras son divertidas. A mí me gusta oírlas para carcajearme mientras preparo la comida. Es indescifrable porque adopta muchas poses. Unas veces pareciera estar encarnando a Lenin o al general Santander, pero luego se expresa con el reato de una madre superiora, y acaba con ese entusiasmo del tipo que se planta junto a la iglesia de San Francisco de Bogotá ofreciendo una pócima que cura desde una mordedura de culebra hasta un despecho amoroso. Asimismo, Barreras ha fichado a unos pobres diablos que nadie conoce o sigue —tiene más seguidores en las redes que un gato callejero— para que repitan como un lorito tres vocablos de cajón: “radical”, “dogmático” y “extremista”. Me causa cringe ver cómo acaban sus días y su reputación algunos camaradas que conocí en Barranquilla durante mis años maravillosos. 

Barreras se ha inventado unas cuentas para forzar su floja candidatura. En Colombia hay tontos, pero no tantos. Menos en estos últimos años en que la ignorancia política ha retrocedido. Gracias a Petro, diría un opositor. La mayoría de los colombianos y colombianas sabe sumar y restar. Veinte mil no es lo mismo que ciento veinticinco mil. Para la consulta del Pacto Histórico del 26 de octubre de 2025 —ganada por Iván Cepeda— la Registraduría dispuso veinte mil mesas de votación. Para las elecciones del próximo 8 de marzo serán ciento veinticinco mil. “Queremos votar por Cepeda, pero no hay mesas”, me comentaban labriegos del Meta, Caquetá y Guaviare. “Vamos con Corcho, pero no hay dónde votar”, se lamentaban unos jornaleros de las sabanas de Sucre. Barreras propone un partido de dos contra seis. Él jugaría con seis y Cepeda con dos. Barro la jugada, Barreras. Quieres cobrar un tiro libre sin barreras.

Lo barro, Barreras, es que en tu desespero —porque no te cuadran los números— hayas pasado al ataque contra Iván Cepeda y el Pacto Histórico, cuando tenemos a un adversario común que chapotea en el fango del fascismo. Te has inventado, o te lo han inventado, el cuento de un “progresismo 2.0”, algo así como una especie de tierra de nadie en la que no estás allá ni acá. Tus carísimos asesores, ignorando el pasado de Cepeda, tratan de deslucir al candidato del Pacto Histórico porque “lee sus discursos” o “elude los debates”. ¡Vaya equivocación! Iván fue desde la secundaria un chico que destacó por su vibrante oratoria, en los tiempos en que para liderar el movimiento estudiantil no bastaba con tener una buena cara. Años después, Cepeda optó por un estilo reposado, argumentativo y respetuoso para distanciarse de la charlatanería, la violencia retórica y el mal gusto de los fanáticos de ultraderecha. 

Viejo Roy, tú eres un tipo inteligente. Sabes que no tienes chance. La angustia te está llevando a un barrio indecoroso. Un mal barrio para envejecer. Mira a César Gaviria, haciendo el ridículo con su mediocre clan familiar. Mira a Pastrana, escondiéndose del fantasma del pederasta Epstein. Mira a Álvaro Uribe, sermoneando en auditorios cada vez más vacíos. Mira hacia atrás o hacia adelante. Pablo de Tarso, Viejo Roy, tuvo una sola conversión y dictó unas epístolas que siguen millones de cristianos por los siglos de los siglos. Roy: ¿tiene sentido una nueva conversión? Deja el orgullo y la vanidad. Acércate a Iván Cepeda para que él sea el presidente. El raig bait (cebo de ira) desatado por tus asesores para generar enfado contra la izquierda y el progresismo se está volviendo contra ti. Hay que seguir juntos. El turno es para Iván. Más adelante llegará el tuyo. Queda vida por delante.

@Yezid_Ar_D

* Tomado de revista Cambio Colombia

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