Por HORACIO DUQUE*
La humanidad está en presencia de una mente demencial y delirante. Hemos estado al borde de un desastre nuclear, anunciado como un apocalipsis para destruir una civilización milenaria como la persa.
Luego de un mes largo de agresión y de ataques sistemáticos contra el gobierno de Irán, asesinando sus líderes, destruyendo su infraestructura petrolera y civil, delante de una aguda crisis económica global y con un conflicto regional en el Medio oriente, se produce un acuerdo de alto al fuego de dos semanas con la apertura del estrecho de Ormuz, gracias a la mediación de los gobiernos de Pakistán y la China. Trump, (el socio de Epstein) retrocede en Irán dejando expuestos los límites del poder estadounidense. Lo que no marca el final del conflicto sino una pausa cargada de tensiones, con los 10 puntos propuestos por Irán como base de un posible acuerdo de paz definitivo.
Lo que se ha dado es un giro muy importante en la dinámica del conflicto.
Trump, con su reconocida verborrea, está vendiendo la idea de una “victoria mutua”, pero expertos indican que el acuerdo alcanzado es muestra de una debilidad estratégica estadounidense. Irán, pese a haber sufrido daños militares considerables, logra sentar a su principal adversario en una mesa de negociación bajo sus propias condiciones, manteniendo además su capacidad de disuasión regional. Así, el alto al fuego termina siendo favorable al actor más golpeado, lo que puede entenderse si se analizan en conjunto las negociaciones, el papel de Pakistán, la evolución militar del conflicto y la situación interna de ambos países.
El alto el fuego no apareció de un proceso diplomático lineal, sino de una crisis que estuvo al pie de una guerra abierta de gran escala regional y global. Durante semanas, Trump había intensificado su presión militar sobre Irán, que el país persa logró resistir, mostrando, además, su capacidad de daño sobre sus aliados regionales y extendiendo los efectos a nivel internacional con el alza del precio del petróleo y los fertilizantes causada por el cierre del estrecho de Ormuz.
Quizá el aspecto más significativo del acuerdo no es el alto el fuego en sí, sino la base sobre la que se negocia. Irán no aceptó simplemente una tregua, impuso de alguna manera su marco político, presentando un plan de diez puntos que incluye: el control sobre el estrecho de Ormuz y cobro de un «peaje»
Estados Unidos aceptó utilizar este plan como base de negociación y es muy difícil que pueda imponer alguna de las exigencias con las que inició la guerra que incluían el desmantelamiento del programa nuclear iraní, restricciones a misiles balísticos y el fin del apoyo a aliados regionales como Hezbollah.
La pausa establecida funcionara de manera simultánea como indicación de debilidad y como un salvavidas político (de Trump en la política domestica). La escalada corría el riesgo de alimentar una oleada de rechazo generalizado de gran magnitud, mientras que sus amenazas hacia Irán ya generaban incomodidad incluso dentro de su propia base. En este marco, la tregua no expresa una posición de fuerza, sino los límites de una estrategia que empezaba a volverse contraproducente.
Israel también puede ser considerado perdedor.
Irán emerge fortalecido de estas cinco semanas de guerra. Con el tiempo quedará clara si la victoria es tal, pero haber soportado la agresión de dos de las potencias militares más importantes del mundo, el asesinato de numerosos líderes políticos y militares y demostrar capacidad de respuesta no es algo que muchos países puedan hacer.
El balance provisional no es tan favorable para Trump y su pandilla delirante de cristianos y pentecostales fanáticos. Irán conserva capacidades clave —desde su programa nuclear hasta su red de aliados regionales— y ha demostrado resiliencia militar. El Medio Oriente, lejos de estabilizarse, queda más expuesto a nuevas crisis, mientras los aliados de Estados Unidos se abocan a una erosión de su seguridad y cohesión política.
Es posible que hubiera un mal cálculo en cuanto a los tiempos. No va a haber un cambio de régimen inmediato y eso supone un golpe táctico para Netanyahu.
* Horacio Duque es historiador y analista político.