Por PUNO ARDILA
—Vean esta foto, cuando nos capturaron con nuestro próximo presidente y toda su manada, preciso cuando estábamos mí y mi hija, colocadas en la fila para que nos regalaran un celular nuevo —exclamó Maurén entre gritos de alegría—. Oh, maigód; estoy feliz.
—Hay que esforzarse para entenderla, Maurén —respondió El Sapo Inquisidor—, porque todo en la Colombia de hoy es colocado y regalado, en vez de puesto y vendido.
—Pero me entendió…
—Ese es el problema: hay que analizarla a usted y contextualizar lo que dice, porque la pobreza en el manejo del idioma nos tiene aislados; así que puedo entenderla, pero no por buen uso de las palabras, precisamente. Le pongo algunos ejemplos del manejo absurdo de nuestro copioso y bello idioma castellano: primero, es sorprendente su uso del pronominal, y, como ya le dije, poner es el verbo, no colocar, así como véndame, y no regáleme; el tiempo siempre es real y nunca hay ejecuciones extrajudiciales, que son asesinatos, y estos siempre son ilegales; existe el cuerpo, no la cuerpa; a la vista puede quedar la vulva, no la vagina; las hembras de los animales no se embarazan ni tienen bebés, y las aves no son bichos; demasiado es más que mucho; oír y escuchar son verbos distintos; un dilema no siempre es un problema y los domicilios no se hacen.
—En espacios técnicos y profesionales también se cae en desgracia con el idioma —intervino el profesor Bernardino—; por ejemplo: no todos los centros son epicentros ni todo lo sorprendente es inédito; dentro y al interior son dos cosas distintas; los electos no son solo elegidos, y no deben repetirse igual, literal y básicamente como muletillas que enredan; el mismo no es equivalente a este, ni se dice online en vez de en línea. Ah, y un incidente no es un accidente sin sangre.
—Hablando del uso de las palabras —intervino el ilustre profesor Gregorio Montebell—, es importante aclarar que Maurén cuenta que a su candidato (valoro su optimismo) no lo arrestaron, sino que lo fotografiaron. Por cierto, ese candidato demandó porque le dijeron filipichín, que es lechuguino, no chabacano, aunque le caben ambos nombres. Acerca del mote que él mismo se puso, la furia estalló cuando alguien salió a explicar que los tigres no existen por acá (los gatos sí, mucho, pero no son amigos suyos, y los mata por diversión). El tigre no anda en manadas; es solitario; el que anda en manada es el lobo, así que este mote le quedaría mejor. Hablando de animales, debería andarse con cuidado, porque se enfrenta a un viejo zorro; aunque talvez todos terminen convertidos en otros animales, de esos que se buscan para rascarse.
@PunoArdila