Por HORACIO DUQUE*
El próximo 31 de mayo se realizarán las votaciones para seleccionar el próximo presidente de Colombia, quien sucederá a Gustavo Petro, el primer dirigente popular en ocupar dicho cargo en la historia moderna del país.
Obviamente, hay la incertidumbre inevitable entre la ciudadanía, como corresponde a todo proceso democrático, tal como lo suele indicar el reconocido politólogo Adam Przeborsky.
Incertidumbre que intentan amortiguar las encuestas para, como herramienta performativa, aterrizar en acciones que transforman la realidad social, en este caso la electoral. Que es, claramente, el papel de los estudios realizados por poderosas empresas dedicadas al sondeo de las tendencias políticas de la ciudadanía, empresas ligadas a las mafias de la ultraderecha uribista y de las casas tradicionales del gavirismo y el conservadurismo.
Así, hoy se ha dado a conocer una nueva encuesta de Guarumo y Eco analítica, sobre los apoyos a los tres candidatos más fuertes en la disputa presidencial.
Iván Cepeda, el líder de la Izquierda popular, continúa liderando con claridad la intención de voto de cara a las elecciones del 31 de mayo de 2026 con un 37,5%, al tiempo que Abelardo de la Espriella y Paloma Valencia compiten en un empate técnico por asegurar el segundo lugar y el acceso a la segunda vuelta.
La encuesta, hecha entre el 19 y el 25 de marzo en 69 municipios, sitúa a Iván Cepeda, representante del Pacto Histórico, al frente con un 37,5 % de la intención de voto, junto a su fórmula vicepresidencial, la senadora Aida Quilcué. Le siguen Abelardo de la Espriella con el 20,2 %, seguido muy de cerca por Paloma Valencia, con el 19,9 %.
Un 16,7% de los encuestados permanece indeciso y la opción por el voto en blanco retiene una presencia significativa con el 11%. La abstención sigue ahí con más del 57%
El crecimiento de Cepeda
El crecimiento de Iván Cepeda respecto a la anterior medición —de 33,6% en enero a 37,5% en marzo es el resultado de la victoria del Pacto Histórico en las elecciones legislativas, con más de 4 millones 600mil votos que le dio una cuota de 25 senadores y casi 44 representantes a la Cámara. Muñoz señaló que este resultado favoreció a Cepeda aun sin estar en la encuesta de Roy Barrera que acredito una espantosa bancarrota política como consecuencia de su excesivo oportunismo y bandazos en su trayectoria política. Murió para el mundo de los escenarios del poder exitosos.
De todas maneras, Cepeda sostiene un liderazgo muy sólido para enfrentar escenarios competitivos en cualquier momento, acercándose a un triunfo muy cierto en la primera ronda del balotaje que se dará el 31 de mayo. La encuesta real está indicando que Cepeda se encuentra por encima del 55% de la votación general.
Cepeda conserva su elevada cifra de un 37,5%, respaldado además por 4 millones, 500 mil votos, todos ellos de carne y hueso, obtenidos por el Pacto Histórico, casi millón y medio más que los de hace cuatro años. Cepeda estaría consolidando una votación equivalente a la que tuvo Petro en la primera vuelta, un resultado que fuera reconocido como sobresaliente: el de 8 millones y medio de votos.
El ascendiente popular de Iván Cepeda se desprende de su largo trabajo político con los movimientos sociales. Hijo de Manuel Cepeda, senador comunista de la Unión Patriótica – el partido nacido de las FARC- que a su vez fue asesinado por dos militares anticomunistas en 1994. Durante tres décadas Cepeda ha sido uno de los principales voceros de los movimientos sociales y líder del Movimiento Nacional de Víctimas de Crímenes de Estado (MOVICE).
Cepeda ganó la consulta del Pacto Histórico en octubre del 2025, con cerca de 1,5 millones de votos. El acontecimiento es notable porque se obtuvo en apenas 20 mil mesas, frente a las cerca de 120 mil mesas utilizadas en las consultas del 8 de marzo.
Además, el Pacto logró avanzar territorialmente en más de 1.052 municipios, consolidando una red organizativa que combina movimientos sociales, organizaciones de víctimas y organizaciones políticas regionales. Con 25 senadores y 35 representantes elegidos en lista cerrada, es la primera fuerza en el Congreso –y la más disciplinada.
Su fórmula vicepresidencial es Aída Quilcué, una indígena NASA, directiva del CRIC, víctima de atentados y amenazas por parte de la ultraderecha. Su presencia tiene un significado político claro: consolidar el apoyo de los movimientos identitarios (étnicos, feministas, ambientalistas). Quilcué es además una bofetada a Paloma Valencia, que hunde sus raíces en la historia centenaria feudal y esclavista del departamento del Cauca.
El hecho nodal: la izquierda colombiana ya no es marginal. Es una fuerza política organizada que está aquí para quedarse: Colombia no volverá al pasado de discriminación, atropellos, despojos, desplazamientos y falsos positivos.
La Paloma uribista en modo de un hibrido político embustero
Según el estudio, Paloma Valencia experimentó un crecimiento de 13 puntos en la intención de voto desde enero, cuando contaba con apenas el 6,9%, hasta alcanzar el 19,9 % en el cierre del 25 de marzo de 2026. Lo que la ubica como la principal rival de De la Espriella —que registra el 20,2%— en la lucha directa por la segunda posición a definir el 31 de mayo. La diferencia entre ambos candidatos es de solo 0,3 puntos porcentuales, situándolos en un virtual empate técnico.
Según eso, hoy, Paloma con el 20% está cosechando 4 millones 500 mil votos, mientras Abelardo tendría 4 millones 300 mil sufragios, pero con el riesgo de descender aún más, en favor de la subalterna de Uribe; salvo que su discurso contra las maquinarias coagule la hemorragia.
Paloma, obtuvo en su consulta 3,2 millones de votos, equivalentes al 45,7 por ciento de su coalición, calcando al pie de la letra el recorrido de Iván Duque, el consentido de Uribe que ganó la consulta del “no” al plebiscito por la paz en 2018 y llegó a la presidencia por no ser Gustavo Petro.
Su programa expresa un conservadurismo clásico bastante franco: defensa de la familia tradicional y del catolicismo, achicamiento del Estado, crítica frontal a la educación pública porque Fecode (el sindicato de los educadores) indoctrina a los niños en las ideologías de género y de castrochavismo, modificación de la JEP para proteger a los militares porque en Colombia no hubo conflicto armado sino guerrillas “narcoterroristas”.
Paloma es nieta de Guillermo León Valencia, uno de los presidentes conservadores más duros del siglo XX, escogido por Laureano Gómez y autor del bombardeo de Marquetalia (de donde vienen las FARC).
Quiere mostrarse como ecuánime y plural, aunque la ultraderecha se le cuele por todas sus voluptuosas costuras.
Con Paloma la oligarquía neofascista ha montado toda una operación de maquillaje.
Su fórmula vicepresidencial es Juan Daniel Oviedo, cuidadosamente escogido para acercarla al centro. Oviedo es gay, ha defendido la JEP y proyecta una imagen pos moderna que contrasta con el conservadurismo de Paloma. Simboliza un uribismo urbano vergonzante: sectores empresariales y profesionales que comparten la agenda económica y de seguridad de la derecha, pero prefieren un lenguaje más pos moderno. Tras lograr sus notables 1.255.510 votos, Oviedo enfatizo unas líneas rojas” – la JEP, Gaza, la “primera línea”, la adopción por parte de parejas gay.
De la Espriella, el ultraderechista que patrocinan Vox y Abascal
De la Espriella, el outsider engalanado como patriota a la Trump, tras alcanzar el 22,6% en febrero, descendió ligeramente hasta el 20,2% actual.
Abelardo de la Espriella, es un costoso abogado penalista, es decir, una persona que con firme convicción e igual facilidad puede creer y demostrar que lo blanco es negro y que lo negro es blanco.
Su proyecto representa una derecha combativa, una mezcla entre Bukele, Milei y Trump. Propone el ejército en las calles, una alianza militar con Estados Unidos e Israel y un recorte drástico del Estado mediante una emergencia económica que permitiría bajar impuestos y fomentar lo que llama una “Colombia de propietarios”.
Logró además superar el umbral electoral con más de 700 mil votos para Salvación Nacional (fascismo liquido) y obtuvo cuatro senadores, consolidando una base parlamentaria propia.
La candidatura de Abelardo de la Espriella representa la versión más radical de la derecha colombiana: una mezcla de patrioterismo, militarismo, fundamentalismo religioso y recorte drástico de los programas sociales.
Su fórmula vicepresidencial es José Manuel Restrepo, exministro de Duque y rector universitario. Restrepo cumple una función política clara: aportar fachada técnica a un candidato de no muy cristalina trayectoria.
Fajardo, el tibio ballenero
Sergio Fajardo, mientras tanto, pasó de 5% en febrero a 3,9% en la medición de marzo.
Sergio Fajardo y su fórmula Edna Bonilla, son dos seudo educadores sin mayor eco en la sociedad por sus frecuentes incoherencias políticas. Fajardo insiste en el discurso del centro: administración honesta, gestión técnica y rechazo a la polarización; las mismas babosadas de una clase media sin norte político claro.
Claudia, en el peor de los mundos
Claudia López, la exalcaldesa verde de Bogotá, registró una tendencia a la baja, quedando con el 2,3 %., y cerca de la sepultura política, como acaba de suceder con su consorte, la ex senadora Angélica Lozano, la ficha oblicua de la ultraderecha uribista contra las reformas sociales.
Claudia López representa un progresismo institucionalista a la manera del “neoliberalismo de izquierda” de Obama que la amantó con becas y prebendas, que acrecentó en su paso por la alcaldía, un desastre en toda la línea como se puede comprobar con sus obras viales en Bogotá convertidos en verdaderos elefantes blancos.
Puede ser que entre Fajardo y Claudia estén un millón de votos del denominado Centro político; pero, pensar que había margen para un candidato de Centro, era sencillamente incurrir en una ilusión óptica, una consideración descontextualizada, según García. Era suponer, por cierto, que el país estaba ante una volatilidad extrema del electorado, además de amplia; de modo que algún viento inesperado pudiera inflar las velas de Fajardo o de Claudia López, milagro que, de suceder, tendría que haber contado con una volatilidad que, por el contrario, ha dejado de tener presencia determinante en el escenario político, durante estos meses previos a la primera vuelta.
Las “pequeñeces” electorales en la encuesta
En posiciones más rezagadas figuran Santiago Botero (1,5%), Miguel Uribe Londoño (1,3%) y, por debajo del 1%, Carlos Caicedo, Roy Barreras, Clara López, Luis Gilberto Murillo, Mauricio Lizcano, Gustavo Matamoros y Sandra Mcollis, esta última registrada con el 0%., como expresión de la criminalidad del narco judicializado.
Las nuevas identidades políticas colombianas.
Esta encuesta de Guarumo y Eco Analítica, leída en profundidad, está sacando a la luz un cambio bien profundo en la cultura política colombiana, que la izquierda debe interpretar adecuadamente para fortalecer el bloque popular transformador,
Gracia señala al respecto que:
“….lo que ha tomado cuerpo es una tendencia electoral más densa, menos ligera, un proceso de solidificación de las identidades políticas; antes que nada, en los reservorios de la derecha, lo que era más habitual, con el aprovechamiento de la desazón que producía en la ciudadanía el conflicto interno; y, un poco después, en los agitados cauces de la izquierda, un fenómeno emergente y asombroso, que ha revelado su sedimentación en los últimos cuatro años. Es algo que comienza a modificar el sistema de partidos y el orden de sus orientaciones políticas, en ese trasegar en donde se define el trazo de los partidos y facciones; su sastrería ideológica, el taller de sus entallamientos culturales; allí donde se asienta el soporte de las actitudes de que hacen gala los electores.
“Hay en curso un proceso de plasmación de nuevos partidos con vocación dominante, una configuración binaria entre la derecha y la izquierda, algo inédito en la historia colombiana, segmentada durante 180 años entre liberales y conservadores, “familias” rancias que, sin embargo, hoy carecen de candidatos propios, aunque se aferran a sus muebles, en medio del naufragio; terminando por ceder el lugar hegemónico a las nuevas expresiones de la izquierda y la derecha.
“Primero se produjo un re-cambio en el “país conservador”, mutado en derecha pugnaz y anti-comunista –el uribismo-, disociada del bipartidismo tradicional; una mutación que cobró efecto entre 2002 y 2022. Por otro lado, con un ritmo distinto, con una frecuencia más tardía, la dispersa izquierda, de la mano de un agitador y propagandista formidable, el señor Gustavo Petro, experimentó su propio crecimiento, entre 2018 y 2026, tres décadas después de la Constituyente (de 1991) y dos después de las reformas electorales, dos años después del acuerdo de paz y dos luego del estallido social. Lo hizo con una eficacia comprobada y con tanta habilidad, en el manejo de la coyuntura histórica, que pudo llegar a la presidencia, empoderado con 11millones 300 mil votos, algo insólito en un país como Colombia, más bien conservador.
Es en ese contexto en que planteo la hipótesis del triunfo de la formula Ivan Cepeda y Aida Quilcue en la primera jornada electoral presidencial del 31 de mayo. Estamos trabajando para que eso sea así.
* Horacio Duque es historiador y analista político.