Los herederos del poder: Westcol desnudó a Paloma

Por GUSTAVO BOLÍVAR*

Cuando Westcol y el presidente Petro ingresaron por un pasaje de la Casa de Nariño, donde a lado y lado se ven los cuadros pintados al óleo de los expresidentes colombianos, su entrevistador, un millonario y joven influencer paisa que usa el seudónimo de Westcol -por cierto, muy ameno y muy fresco para hacer preguntas novedosas e inquietas-, no imaginaron lo que una pregunta nacida de la ignorancia desataría. 

El joven le preguntó a Petro, señalando la pintura de Guillermo León Valencia: “¿Y este, quién es?”. 

El presidente aprovechó hábilmente la pregunta para contrapreguntar a su entrevistador con la intención de hacer una radiografía del poder en Colombia. 

Acababa de vislumbrar la oportunidad que le brindaba Westcol para recordarnos a todos los colombianos que por épocas hemos vivido en una especie monarquía disfrazada de democracia.

            —Ese es Guillermo León Valencia, —Le respondió el presidente y a continuación lo invitó a leer el pie de foto del siguiente cuadro— ¿Y este qué apellido tiene? —Indagó Petro.

            —Lleras Restrepo, —respondió el joven.

            —¿Y este qué apellido tiene? —volvió a preguntar el presidente.

            —Pastrana Borrero, —respondió leyendo el entrevistador.

            —A usted no le da vaina pensar que en una democracia pareciera que tuviéramos es herederos que se suceden en el poder… porque los apellidos que acaba de mencionar siguen vigentes.

Se refería el presidente Petro a que la sobrina nieta de Guillermo León Valencia es hoy candidata presidencial; el sobrino nieto de Carlos Lleras, fue vicepresidente y estuvo a punto de ser presidente y que el hijo de Misael Pastrana fue presidente. Y eso que el presidente Petro no siguió preguntando, porque los dos cuadros que seguían en órden cronológico eran los de Alfonso López Michelsen, cuyo padre, Alfonso López Pumarejo fue presidente dos veces, en 1934 y en 1938; y el siguiente cuadro es el de Julio César Turbay Ayala, cuyo hijo fue Contralor de la República y su nieto candidato presidencial hasta que las balas de odio disparadas por un menor de edad pago por las disidencias de las Farc cegaron su vida y su candidatura.

Pero la de los Valencia, Pastrana, Lleras, López y Turbay no son los único linajes que se han heredado el poder.

El sobrino nieto de Eduardo Santos, presidente en 1942, fue dos veces presidente de Colombia entre 2010 y 2018.

El hijo del presidente Laureano Gómez, el doctor Álvaro Gómez fue candidato presidencial y su nieto hoy es senador y ha sido candidato presidencial.

El tatarabuelo del expresidente de Colombia Ernesto Samper, el señor Miguel Samper Agudelo fue candidato presidencial en 1898.

Y ya en nuestros días, los hijos del expresidente Gaviria están en camino de heredar su poder. Simón, fue director de Planeación Nacional y su hija María Paz acaba de fallar en su intento por llegar al Senado. Por su parte, los hijos del expresidente Uribe, aunque no se han metido en la política electoral ya han empezado a sonar como candidatos o cuando menos fórmulas vicepresidenciales y los hijos del excandidato Galán, también asesinado miserablemente, ya son hoy alcalde de Bogotá y candidato a la presidencia.

No se detengan a entender este enredo. Solo respiren profundo y siéntanlo:

Hay una semejanza en todas las familias presidenciales, con excepción a la de Samper: Su antipetrismo férreo y visceral. El presidente Petro se ha tenido que enfrentar a la oposición descarnada de diez casas presidenciales que, no es difícil adivinar, lo sienten como un usurpador, sin linaje, sin apellido heredable. Son ellas las familias de los expresidentes Mariano Ospina Pérez, Laureano Gómez, Guillermo león Valencia, Carlos Lleras Restrepo, Misael y Andrés Pastrana, Alfonso y Alfonso López, Julio César Turbay, Álvaro Uribe, Eduardo y Juan Manuel Santos y la de Iván Duque. Diez familias presidenciales, con toda su influencia en los medios y en las diferentes esferas del poder haciendo oposición sin descanso, buscando recuperar sus privilegios, buscando retomar el control de los negocios del Estado. Serían once si sumamos a la del cuasi presidente Luis Carlos Galán, cuyos hijos se mantienen muy activos en la política.

Muchos se preguntarán por qué la familia del expresidente Mariano Ospina Pérez en esta lista. Pues resulta que el hijo de Andrés Pastrana, Santiago Pastrana Puyana está casado con Sabina Nicholls Ospina, que es bisnieta de Mariano Ospina Pérez, presidente de Colombia durante el Bogotazo en 1848 y que a su vez es nieto de Mariano Ospina Rodríguez, presidente de Colombia entre 1857 y 1861, y cuyo padre Pedro Nel Ospina fue presidente de Colombia entre 1992 y 1926. El hijo de este último, Luis Ospina Vásquez, se casó con Isabel Lleras Restrepo, hermana del expresidente Carlos Lleras Restrepo. Dato final: El hermano de Andrés Pastrana, Juan Carlos Pastrana, está casado con la hermana de la Candidata Paloma Valencia. Cruces nada envidiables a los de los Borbón o los Habsburgo en Europa.

Y si miramos, por lo menos diez de las once familias presidenciales oporofóbicas y encarnizadas opositoras al presidente popular, “mal vestido y mal hablado” de Gustavo Petro, están en campaña por Paloma Valencia. Es una de los suyos. Debe ser la nueva ungida, la llamada a recuperar la corona, la monarquía, la democracia disfrazada de garantías, la esperanza que tienen las familias presidenciales para refredar el poder y las épocas memorables de grandeza heredada que fueron truncadas por la irrupción en el poder de la chusma, o de la indiamenta que representa Gustavo Petro.

Una vergüenza que en plena era de la inteligencia Artificial, del internet satelital y de las guerras con aviones no tripulados, en Colombia todavía sigamos, siquiera contemplando la posibilidad de volver a heredarle el poder a un miembro de una de estas familias tradicionales y la mayoría corruptas que no es difícil comprobar, convirtieron a este país en el segundo más desigual de todo el planeta.

Cómo nos atrevemos hoy a considerar que otra heredera de los que han ostentado el poder por dos siglos tenga hoy la posibilidad de volver a gobernar a Colombia. Eso nos haría retroceder en tiempo y en dignidad. Sería como estar armando una torre que se llama democracia y meter una ficha que la tumba al suelo.

Inaudito, desesperanzador, inconcebible. Retroceso

El poder se hereda en Colombia con todos sus privilegios. Durante décadas, el país aceptó que la política se heredara. Que el poder pasara de padres a hijos, nietos, sobrinos, como si la democracia fuera una propiedad familiar. Nuestros padres y abuelos permitieron que los apellidos pesaran más que las ideas. Es nuestra obligación romper ese paradigma.

En favor del pueblo colombiano y de su madurez política debo decir que muy poquitos querían a Paloma Valencia. Durante meses nunca marcó más de un punto en las encuestas. De hecho siempre estuvo por debajo de Miguel Uribe y de maría Fernanda Cabal en todos los sondeos. Solo una serie de coincidencias macabras la convirtieron en la candidata del Uribismo: el asesinato de Miguel Uribe, la oscura y amañada encuesta que sacó del camino a su contendora la señora Cabal y la suerte de ser invitada a una consulta del centro, sin contar la ayudita que le dan los encuestadores amigos la pusieron donde está. Su mentor, Álvaro Uribe, mueve hilos detrás de escena.

Aunque me cuesta creer que pase de ahí, hay que tener cuidado. Este país conserva aún altos niveles de masoquismo, de desinformación, de manipulación y de ignorancia. Con solo ver viejos pobres en las reuniones de Paloma Valencia ya uno lo corrobora. ¿Acaso no saben que por culpa de ella, por sus demandas a la Reforma Pensional dejarán de recibir 230 mil pesos del Estado?

Bueno pues la labor nuestra es hablar, uno a uno, con todos los adultos mayores pobres de Colombia y contarles esto. Cuando fui director de Prosperidad Social recibíamos miles de llamadas diarias de viejos y viejas preguntando que cuando los incluíamos en el programa Colombia Mayor. Lamentablemente, sin Reforma Pensional, a estos pobres viejitos les toca esperar a que mueran unos para ingresar ellos. Por qué? Porque la macabra ley 100 solo permite el ingreso de viejos del seis en A. Con la Reforma Pensional podemos incorporar viejos y viejas de Sisben B y C. Es decir, de 1.6 millones de Sisben A pasaríamos a asistir a 3.1 millones de adultos mayores de Sisben A, B y C.

En conclusión, aunque colombia no es una monarquía, en la práctica se parece demasiado. No tenemos coronas, pero sí linajes. No heredamos tronos, pero heredamos poder. Y cuando el poder se hereda sin límites, la corrupción deja de ser excepción y se convierte en tradición. Tradición familiar.

No podemos volver a las épocas ruines en que los presidentes eran ungidos desde el día de su nacimiento. Los días oscuros en que cuando una esclava o una empleada del servicio ponían el pañal al nuevo miembro de esas familias, ya sabía la “sirviente” que ese bebé iba a gobernar a sus hijos prolongando eternamente las desigualdades. Esto no puede volver a pasar en Colombia. 

La Presidencia se debe ganar, se debe alcanzar, no simplemente heredar como derecho divino. Cuando hablas de que más de doce familias lo han hecho a lo largo del último siglo ya no estamos hablando de algo anecdótico sino de algo estructural.

Estructura que rompieron Gustavo Petro y Francia Márquez y que deben seguir rompiendo Iván Cepeda y Aida Quilcué.

Esta Columna que desnuda a las casas presidenciales, nació de la curiosidad de un joven irreverente para preguntar. Gracias a Westcol, ese muchacho de acento paisa, lleno de tatuajes, de hablado coloquial y sencillo, con millones de dólares en su cuenta y millones de seguidores en sus redes sociales, hoy pudimos desnudar a la candidata paloma Valencia, la aspirante a heredar y a recuperar la corona que perdieron sus ancestros no hace mucho tiempo.

@GustavoBolivar

Tomado de Gusbolivar.com

0 0 votes
Article Rating
Subscribe
Notify of
0 Comments
Newest
Oldest Most Voted
Inline Feedbacks
View all comments
0
Queremos conocer tu opinión. Regístrate y Comenta!x
()
x