Por PUNO ARDILA
—Creo que están pensando en forma muy estrecha sobre lo que pasa en el Golfo Pérsico —exclamó Catalina Arana muy segura—; hemos subestimado el actuar de nuestro admirable presidente Trump, que, después de hacer los trabajos más ofensivos y trascendentales, como el ataque a la escuela y dar de baja al ayatolá, dio el ultimátum de un día para que Irán dejara libre el paso; pero como la OTAN ni nadie lo apoyó, generosamente dio otros cinco días para que lo hicieran sin violencia, y a pesar de que él dijo que le habían ofrecido ser el nuevo ayatolá, se negó con mucha altura, lo que demuestra que sus intereses son meramente de ayudar a un pueblo sometido y desprotegido, pero que para él no representa mayor ganancia. ¡Qué grande!
—Yo no creo que la cosa sea tan así —interrumpió Osquítar—. El hombre no es tan inocente, y se trata de una estrategia muy bien pensada. Primero alborotó el avispero entre Israel, Katar, Irán y otros vecinos, y durante el “ultimátum” entendió tres cosas: no tenía apoyo de la OTAN para tomarse el estrecho, los países involucrados tampoco le hacían caso en la tregua y –lo más importante–, sin estar involucrado, descansaría sin exponerse a ser atacado, y ellos seguirían destruyéndose solitos.
—¡Qué grande!
—Pues sí: queda como un pacifista, y mientras ellos se matan él piensa en la jugada maestra de ajedrez para invadir la isla de Kharg y hacerse definitivamente con el estrecho de Ormuz. Tan fácil como con Venezuela, y todo el planeta feliz. Cierto: ¡qué grande eres, Trump!
—No niego que todo eso ocurra —intervino el ilustre profesor Gregorio Montebell—; pero recuerden que los persas perfeccionaron el ajedrez, y ellos sí que saben jugar. Frente al verdadero propósito de este conflicto, han sacado únicamente los peones, armas pequeñas, vetustas y casi obsoletas, y así han alcanzado el control. Ahora vienen fichas más robustas: el objetivo es Ormuz, pero el endeudamiento estadounidense y su mal gobierno lo han llevado a una pérdida diaria millonaria y a un estrés económico brutal, y con la amenaza de invasión, para no quedar mal, se jugarán su ficha más valiosa –los marines– para apabullar a un país acabado y retomar las riendas del poder.
Lo que no les contaron es que Irán se la está jugando aún con gran parte del tablero, y tal vez tenga guardados sus últimos alfiles, que logren acabar con sus cinco mil hombres, o cuantos puedan enviar a apoderarse de Kharg y del estrecho en general, y vendrá una masacre de niveles insospechados, que recrudecerá aún más su situación y los dejará en una penosa condición ante el mundo.
Amanecerá y veremos…
@PunoArdila