Por YOLANDA SOLER MANTILLA*
Espero por el bien de la causa estar equivocada en esta reflexión, pero considero un error estratégico de la campaña de Iván Cepeda la designación de la senadora Aída Quilcué como su fórmula a la vicepresidencia. Es una apuesta muy arriesgada.
Comienzo por traer a colación las palabras de una amiga del Pacto Histórico que ha dedicado gran parte de su vida a las luchas sociales, y expresa su desacuerdo en estos términos: “Es una campaña con sólo cuadros de línea dura… no sé. Eso no luce incluyente, sino excluyente”.
Y agrega: “Estoy preocupada, así podemos perder. Lo peor es que ya lo dije, y me hicieron sentir como si yo fuera una discriminadora”.
Un primer aspecto a considerar es que desde la Colonia Española el pueblo colombiano carga con una muy fuerte tradición judeocristiana, arraigada en el inconsciente colectivo, que ve a los indígenas como seres inferiores, incluso más inferiores que los negros. Y hay un dicho popular que así lo expresa: “mucho lo indio”.
Es una visión por supuesto excluyente y racista, pero no se puede desconocer, menos borrar de un plumazo desde una concepción puramente ideológica.
Dijo Gustavo Bolívar en video reciente que “muchos candidatos eligen esa fórmula basados en el número de votos que les pueden aportar. O sea, escogen con una calculadora. Pero Iván Cepeda escogió su fórmula con el principio de la inclusión. Es reconocer la diversidad que hay en este país”. (Ver video).
Un criterio sin duda loable, que comparto. Pero si vamos al sentido común, a lo pragmático, a lo realista, esa designación no luce conveniente para garantizar el triunfo, sino todo lo contrario.
Y que quede claro, por favor, insisto: no hay ningún sesgo discriminador. Hay es una sana inquietud, de amplio recibo en decenas de personas progresistas con las que he conversado sobre el tema en los últimos días, y en su mayoría se muestran reticentes a digerir lo que Ariel Ávila define como la fórmula del ‘Yo con yo’. (Ver video).
Es obligante entonces disentir de Bolívar cuando afirma que lo coherente es despreciar la calculadora, siendo que en esa designación reside la incoherencia, puesto que una fórmula vicepresidencial es precisamente para sumar votos, no para restar ni permanecer con los mismos de siempre.
Sobre un escenario donde se trata de escoger entre lo ideológico o lo pragmático, Cepeda ha preferido lo primero: el mensaje que se transmite es el de enfrentar la pretensión de Paloma Valencia de partir al departamento del Cauca en dos mitades -una para los indígenas y otra para ‘la gente de bien’-, con el reto inherente a la eventualidad de que sea una indígena caucana la próxima vicepresidenta de la República.
Aída Quilcué es una aguerrida líderesa, absolutamente comprometida con las comunidades ancestrales que habitan el territorio nacional, nadie lo pone en duda. Ahora bien, quedaría por resolver si reúne las condiciones para asumir la presidencia en caso de una vacancia temporal o absoluta del primer mandatario, ante una eventual enfermedad o lo que fuere.
Lo pragmático nos retrotrae a la Realpolitik, término acuñado por Otto von Bismarck cuando quiso ir en busca de equilibrar el poder entre los imperios europeos. Dicho equilibro debía conducir a la paz, e incluía evitar la carrera armamentista. Sin embargo, la Realpolitik fue abandonada y en su lugar apareció la Weltpolitik, que incentivó la carrera armamentista y con el paso del tiempo condujo a la I Guerra Mundial.
En este contexto, la designación de dicha fórmula por parte de Iván Cepeda no es pragmática ni realista, sino confrontacional, porque agudiza las contradicciones y aumenta la polarización, en lugar de buscar una figura que congregue voluntades, para tratar de conseguir el apoyo de un amplio espectro de votantes en la segunda vuelta.
Semanas atrás la suscrita opinadora pensaba que Roy Barreras podía ser la fórmula imbatible, por su indiscutible habilidad para negociar con los partidos tradicionales, como lo hizo en compañía de Armando Benedetti en 2022. Es más, se le notaban a Roy las ganas de ser el vice de Cepeda, pero su error consistió en haberle sido desleal cuando, llevado por un triunfalismo excesivo, creyó que arrasaría en las urnas el 8 de marzo, en lugar correr a apoyar a Iván después de que el CNE le impidió participar en la consulta del Frente por la Vida. Si así lo hubiera hecho, otro gallo le habría cantado.
Hablando de triunfalismos excesivos, en esto tampoco debe caer la campaña del candidato del Pacto Histórico, creyendo que el arrastre de la popularidad del presidente Petro es suficiente para ganar en primera vuelta, hasta el punto de hacer innecesaria la segunda.
Tal eventualidad habría sido posible, no lo dudemos, si en lugar de la fórmula restrictiva actual se hubiera pensado en alguien con un carisma como el que hoy exhibe Juan Daniel Oviedo, quien, vaya paradoja, fue catapultado al sitial privilegiado donde se encuentra gracias a los miles de votos de progresistas que creyeron que al votar por él perjudicaban a Paloma Valencia.
Moraleja y conclusión, nadie sabe para quién trabaja.
ADENDA: Hablé en el título de esta columna de hacerle una “autocrítica” a Iván Cepeda, sugiriendo con tal dislate la posibilidad de que el circulo pretoriano radical que rodea al candidato de la izquierda evalúe con sentido autocrítico si la designación que se hizo de la fórmula vicepresidencial es lo que más le conviene a la continuación del proyecto del Cambio que dio inicio con el gobierno de Gustavo Petro.
Errare humanum est, sed corrigere errorem est etiam humanissimum.
@YolaSolerM
* Yolanda Soler Mantilla es antropóloga de la Universidad Nacional de Bogotá y se define a sí misma como una santandereana ‘arrecha’ por todas las cosas injustas o disparatadas que ocurren en este país.