Por JORGE SENIOR
Barranquilla muestra progresos significativos en algunos aspectos y en algunas zonas, pero no hay una visión integral que lidere esa dinámica positiva.
Tenemos el caso del zoológico, que atraviesa una crisis económica profunda, un sufrimiento ciudadano que ya hemos vivido con el Teatro Amira De la Rosa, el Museo del Caribe, el Museo Romántico, el jardín botánico del barrio la Victoria, entre otros lugares de la cultura, el arte, la ciencia y la educación.
El zoológico ha sido un espacio emblemático de la ciudad desde los tiempos de Ricardo Tinoco y con una trayectoria sostenida por más de seis décadas. Es cierto que la concepción de los zoológicos, en general, contiene una problemática bioética, pero estas entidades se han adaptado a las nuevas sensibilidades y conceptos. Es así como el Zoológico de Barranquilla se ha transformado en un centro de investigación, conservación y rescate de animales. Las estadísticas de asistencia de público indican que ha sido históricamente, y lo sigue siendo, el principal centro de divulgación científica del territorio, seguido a distancia por el Planetario de Combarranquilla, que también es privado.
Resulta claro, por la experiencia en Colombia, que este tipo de entidades culturales necesitan apoyo estatal decidido, puede ser bajo alguna figura mixta de alianza público – privada o que sean 100% públicos. El asunto es que el pago de la boletería por el público no es suficiente para garantizar su sostenibilidad.
En Barranquilla, las problemáticas de inseguridad, movilidad, informalidad, hambre, entre otras, evidencian la necesidad de un viraje en el modelo de ciudad hacia un enfoque más incluyente y humano. Dado ese cambio de visión tendrá más sentido la propuesta que quiero plantear aquí, dirigida al eje que determina la civilización global: el eje científico – tecnológico.
Para sustentar brevemente tal propuesta, debo resaltar que Barranquilla está rezagada respecto a Bogotá, Medellín y Cali en el campo de la divulgación científica que es clave para entusiasmar las vocaciones STEM en niños y niñas. Mientras Bogotá, Medellín y Pereira tenían planetario público desde antes de los años 90, nosotros apenas en esa década construimos nuestro pequeño planetario privado. Para ese momento ya la capital inauguró Maloka, un gran centro interactivo de ciencia y tecnología, iniciativa de la ACAC (Asociación Colombiana para el Avance de la Ciencia). En la década siguiente Medellín inauguró Parque Explora, ubicado al lado del planetario. El año pasado Cali inauguró el centro de ciencia, arte y tecnología llamado Yawa, iniciado en la alcaldía del médico Jorge Iván Ospina.
No propongo que Barranquilla imite a esas ciudades, sino que las supere con un parque temático o centro interactivo de ciencia y tecnología de última generación y grandes dimensiones. Si de verdad Barranquilla quiere pensar en grande, debe impulsar un proyecto aún más innovador y disruptivo que Maloka, Explora o Yawa. Un proyecto que ponga a Barranquilla en línea con el vertiginoso progreso científico y tecnológico del siglo XXI y se transforme en una ciudad líder en Colombia.
El primer malecón del río en la zona de la loma, llamado el Malecón del Bicentenario, inaugurado en 2012, fue un fracaso total y terminó abandonado y olvidado. Pero el nuevo malecón, un poco más al norte, aprovechó el espacio dejado por la desindustrialización de la urbe y resultó un gran éxito. Barranquilla dejó de estar de espaldas al río Magdalena, la arteria fluvial a la cual debe su existencia y se consolidó como una opción de importante atractivo turístico. Ahora que Colombia se consolida como una potencia en turismo, líder en Suramérica, la otrora Puerta de Oro puede cosechar los frutos de su ubicación ribereña de la mano de una renovación urbana allende a la Vía 40.
Pero ese excelente logro que nos inserta en los flujos de la industria turística, nos debe poner a pensar en cómo diversificar y enriquecer la oferta al visitante, con alternativas más divertidas y formativas que girar en una noria. Reubicar y engrandecer el Zoológico es una posibilidad, largamente aplazada. Construir un Parque Temático o Centro Interactivo con las maravillas asombrosas de la tecnología y la ciencia es otra posibilidad, que además prestará un gran servicio educativo y lúdico a los barranquilleros y atlanticenses, potenciando nuestro ingenio natural en niños y jóvenes que serán los ingenieros y científicos del futuro, capaces de jalonar el desarrollo sostenible del país.
Termino con una reflexión que no puedo profundizar aquí, pero sí en otra ocasión. He elogiado el turismo, pero no es el turismo lo que desarrolla a una nación, aunque ayude a la generación de divisas. Tampoco lo es el extractivismo de materias primas al que parecíamos condenados durante siglos. Es la industria la que produce riqueza. En el tercer milenio, el desarrollo industrial es intensivo en alta tecnología. En esta pista no se despega si no se invierte en la educación de nuestro talento humano. Medellín lo entendió y se convirtió en Distrito Especial de Ciencia, Tecnología e Innovación. Barranquilla está lejos de ser una Tecnópolis o ciudad del conocimiento, pero tiene potencial. Nos falta un liderazgo visionario.