Por JORGE PULECIO*
La decisión mayoritaria de la Junta Directiva del Banco de la República (JD B/R) de subir hoy, 31 de marzo, de 10.25% a 11.25% la tasa de interés que cobra por sus créditos al sistema bancario, luego de haberla subido también en enero, es una clara retaliación política de ese sector por el aumento del 23% en salario mínimo (asumido ahora como salario vital), que decretó el Gobierno Nacional en diciembre del 2025. Las consecuencias económicas e institucionales de dicha decisión pueden ser críticas y hay que detenerlas.
Esta semana, Cristine Lagarde, presidenta del Banco Central Europeo, mantuvo estable las tasas (2.0%-2.15%), a pesar de las presiones inflacionarias causadas por la guerra de EE. UU e Israel contra Irán. En el mismo sentido actuó Jerome Powell, presidente de la Reserva Federal en EE. UU (3.5%-3,75%). En los últimos tiempos solo Japón subió algo la tasa de interés, en diciembre de 2025, de 0.5% a 0.75% ¡porque venían de ser negativa!
Cualquier estudiante de Economía de primer semestre, entiende que el efecto económico inmediato para Colombia es que los tenedores de liquidez internacional, o capitales golondrina, traerán sus dólares a este “ingenuo” país, para rentar tranquilos, no para invertir productivamente porque los costos financieros de la inversión se subirán de forma inexorable. La revaluación del peso, COP, ya disparada, hará que los productos colombianos, agrícolas o industriales, sean barridos por las importaciones más baratas del resto del mundo, máximo cuando China está desviando productos desde el mercado estadounidense y europeo hacia donde encuentre mercado.
Más crítico aún. Con la revaluación los exportadores colombianos de café, banano, aguacate, etcétera, verán reducidos sus ingresos en moneda nacional. Pueden perder mercados y reducir producción.
La consecuencia inevitable de la decisión de la JD B/R será reducir el empleo productivo en Colombia, así se aumente en el corto plazo el consumo de bienes chatarra importados. Entonces, los muchachos neoliberales saldrán a gritar que fue la subida del salario vital y no de la tasa de interés y la consecuente revaluación, la causa de la caída del empleo. Promesa autocumplida.
La causa de este lío estuvo en la Constitución de 1991. Todos estábamos de acuerdo en transformar la Junta Monetaria, que estaba copada por gremios y otros intereses oscuros (estuve, con otros colegas de la U Nacional, en el equipo que asesoró al M-19 en esos temas). Queríamos que la JD B/R tuviera, como ocurre en el caso de la FED, el propósito doble de controlar la inflación y promover el empleo. Pero el entonces joven neoliberal Rudolf Hommes y César Gaviria impusieron la prioridad en controlar los precios, como lo establecía el “Consenso de Washington”.
Para colmo, los 20 años de hegemonía del uribismo (8 de Uribe y 12 de sus pupilos Santos y Duque), hicieron que la JD B/R fuera copada por el partido de los economistas neoliberales, tipo Carrasquilla.
Lograr que la JD B/R mantenga su autonomía real y represente a la Nación toda, es tarea de una reforma constitucional. Han pasado por la JD B/R personas idóneas y capaces, pero nadie desconoce que ha habido nepotismo y clientelismo “ventiado”, también. Y puerta giratoria de sectores empresariales, banqueros y del sector seguros, a cumplir funciones en el Banco de la República.
Con todo, es necesario evitar que la coyuntura crítica que condujo a la salida del ministro de Hacienda, Germán Ávila, de la Junta de hoy, sea aprovechada por actores internacionales, bien conocidos, para cuestionar la estabilidad institucional de Colombia. Claro que la extrema derecha uribista alzará la gritería contra el Gobierno nacional, pero eso es ya historia.
P/D: El cuento ingenuo de la “neutralidad” de los técnicos y de la apoliticidad de los economistas, con que se quieren blindar los muchachos neoliberales, no aguanta cinco minutos de debate académico. Somos economistas y tenemos aproximaciones teóricas divergentes, cierto, pero también tenemos, todos, intereses sociales e individuales evidentes. O si no, que lo digan los “Bonos Carrasquilla”.
* Economista, hijo de una maestra y un colono de la Amazonia colombiana.