Por HUMBERTO TOBÓN*
Christina Koch hizo una interesante reflexión sobre lo que es una tripulación. Ella concluye que una tripulación es la que tiene propósitos comunes y que trabaja unida para poder alcanzarlos. Y claro, el nivel de ese compromiso con los objetivos se vuelve crucial si ello ocurre al interior de una máquina que viaja a 38 mil kilómetros por hora y que durante diez días recorre un trayecto de 400 mil kilómetros.
Lejos de la Tierra y orbitando la Luna, en un espacio infinito, cualquier error humano, técnico o tecnológico es mortal. Romper con la armonía, crear un ambiente tenso, no seguir parámetros e improvisar decisiones, genera una catástrofe con consecuencias previsibles: la desaparición.
La astronauta Koch pudo ver desde su cohete la pequeña bola azul en la que vivimos más de ocho mil millones de personas, una nave que alcanza velocidades de traslación de cerca de 108 mil kilómetros por hora, o sea, cerca de 30 kilómetros por segundo.
La Tierra, que en realidad es una nave espacial que se mueve sobre su eje a cerca de 1.700 kilómetros por hora de manera constante, alberga una tripulación que, distinto a lo que plantea la señora Koch, es terriblemente inconsciente, conflictiva e irresponsable.
Los comandantes de esta nave, que recorre cada año más de 900 millones de kilómetros, mantienen una actitud pendenciera, buscando cada uno un pedazo de poder territorial y para ello se arman hasta los dientes, causando millones de muertes, dolor, miedo, miseria y desesperación entre quienes habitamos en ella.
Lo paradójico, es que mientras la Tierra ha hecho alrededor de 4.500 millones de viajes alrededor del Sol, cada habitante, incluidos los que asumen el mando, apenas sí alcanzamos a hacerlo un promedio de 75 veces atrapados en esta nave. Durante este corto lapso de vida, las personas, como si fuera un acto de venganza por no ser inmortales, le vamos infringiendo un terrible daño a la casa que nos alberga, a través de un comportamiento irracional y suicida.
Mientras los antepasados del homo sapiens, como los austrolopitecos, homos habilis y erectus, usaban los bienes naturales para su provecho de manera adecuada y cuidaban su entorno (porque de eso dependendía su supervicencia y su evolución), la especie humana, que evolucionó y a la vez revolucionó los instrumentos y las técnicas de producción, esencialmente adoptó un modelo que se basa en la destrucción de los bienes que naturalmente la Tierra ofrece. El modelo productivo, la generación de riqueza y la acumulación de capital, es la causante de la deforestación, la contaminación del aire, el secamiento de los ríos, el cambio del clima y la desaparición de millones de especies de fauna y flora.
Es tan irracional el comportamiento de nosotros los humanos, que destruimos el único lugar que conocemos y de donde no podemos escapar. Construimos bombas atómicas, producimos y diseminamos enfermedades mortales y devastamos cada vez con más velocidad la atmosfera, esa delgada capa que garantiza la vida en el Planeta, con el uso de gases y químicos altamente contaminantes.
La lección de la astronauta Koch es muy positiva y dignificante. El problema es que la profundidad de su reflexión se pierde en el espacio, porque los líderes que están tripulando esta nave, que es un punto ínfimo en la dimensión del espacio y el tiempo, están empeñados en acabar la vida en las condiciones que la conocemos y, mientras tanto, se esfuerzan por poner humanos en Marte o en la Luna, entre otras razones, para salvar la especie. Vaya paradoja.
*Gerente RAP Eje Cafetero