La insoportable planicie de la ignorancia

Por PUNO ARDILA

A propósito de la misión Artemis II, aparecen varias inquietudes, relacionadas con esa legión de pensadores terraplanistas que andan desatados en estos días buscando cómo desmontar la autenticidad de las imágenes de la Tierra, para quienes un viaje orbital supone un dilema geométrico de proporciones épicas: ¿cómo rota la nave?; ¿pasa por encima del borde del plato?; ¿hace un recorrido por debajo como quien voltea una arepa, o simplemente da vueltas alrededor del canto del plato?

Los defensores de la planicie terrestre deben de tener más preguntas, aunque sus respuestas sean siempre las mismas. Seguramente dirán, emulando la mítica frase de Mercedes Rueda: «Eso es que lo hacen ver a uno». Para estos conspiradores de oficio, cualquier hito espacial es un montaje, una farsa de la Guerra Fría diseñada para simular una soberanía galáctica que solo existe en los estudios de Hollywood. Según ellos, la NASA es una suerte de prestidigitador global dedicado a engañar a la humanidad.

Sí, Mercedes Rueda solía soltar su sentencia frente a la magia o ante incipientes efectos especiales de Viaje a las Estrellas o Perdidos en el Espacio. Pero no hay que aplicar a la astrofísica moderna la misma lógica del televidente de los años 60, ni insistir en que a miles de kilómetros de altura el horizonte sigue siendo plano y que la Antártida no es un continente, sino un muro de hielo que impide que el agua chorree por el borde. Para ellos, el Sol, la Luna y las estrellas son meros adornos que dan vueltas sobre nuestra cabeza, devolviéndonos al cómodo geocentrismo de hace siglos.

Si enfocáramos la Tierra desde un planeta vecino, ¿qué veríamos?; ¿un disco flotando de canto o de frente? ¿En qué posición estaría el dichoso plato? Ellos dicen que la sombra redonda de la Tierra sobre la Luna durante un eclipse es un simple efecto óptico y no prueba de esfericidad. Sin embargo, cualquier cristiano con un telescopio de mediana potencia puede ver que Venus es esférico, que Júpiter es esférico y que la Luna también lo es. Entonces, ¿por qué la Tierra habría de ser la excepción geométrica del vecindario? ¿Somos el único “piso térmico” plano en un universo de bolas? (bolas, los planetas, no los terraplanistas).

El asunto de la gravedad los tiene particularmente enredados. Como el agua busca siempre la forma del recipiente, ¿se regaría si taladráramos hacia abajo?; ¿llegaríamos al vacío y caeríamos al infinito? ¿Qué hay debajo, en el culo del plato?

La ciencia parece retroceder cada vez que alguien, ante la evidencia de las imágenes del Artemis II, prefiere refugiarse en «eso es que lo hacen ver a uno». Al final, lo único redondo aquí es el negocio de la ignorancia.

@PunoArdila

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