El viacrucis de dos gamonales de Santander (I)*

Por JULIO ACELAS – Doctor © en Estudios Políticos

“Quiero que me perdonen por este día los muertos de mi felicidad”. Silvio Rodríguez (1975)

Después de las últimas elecciones en Santander estamos atrapados por una especie de encantamiento, una alegranza colectiva de sueños que se cumplen, con olor a futuro, a vainilla, que es el aroma más placentero al olfato humano. Y no es para menos: salieron del juego dos políticos poderosos, Jaime Durán Barrera y Richard Aguilar (1), quienes se habían vuelto indeseables, y muchos le llevaban “la mala”. “No es que me alegre, pero si me corrió un fresco con ese voto castigo”, dijo el potentado Alberto Montoya; “aquí la gente está mamada de los mismos”, afirmó un operador logístico que trabaja con todos los políticos. Por algún tiempo seguiremos transitando esa suerte de terapia reparadora, que oscila sigilosa entre el pesimismo y la esperanza.

Cada día hay menos gente dispuesta a blanquear a los “malos de la política”, lo que debería ser un sentimiento granítico, colectivo, poético, de depurarla. Sucedió en 2024, cuando el Atlético Bucaramanga juntó a todos de la nada –ñeros, pudientes y gentes del común”- y abrazados cantando cumbias celebraron la estrella imposible. Ojalá esa juntanza simbólica que logró el deporte, lo alcance el desprecio a los políticos perversos, y los patee fuera de la cancha. Nada de ruido ni de manifestaciones, sosegadamente, porque así el escarmiento es más celestial, una emoción colectiva que no es innoble, ni hipócrita, sino demasiado honrada.

Era muy fácil advertir, y más en las “cocinas políticas”, cuáles políticos tenían más censura y acumulaban rogatorios de derrota. Vivieron, como un cementerio abandonado, estos vigorosos dirigentes, la tristeza, el engaño, y la desolación en su propio pellejo. Sucedió una especie de implosión interna. Los mismos operadores políticos que siempre los han apoyado, les pasaron factura y los falsearon, después de cobrarles duro por los votos que no movilizaron. Esos capitanes, en un trance de razón profunda, leyeron el deseo ciudadano, y les dijeron, “ya no más”, desmovilizaron sus clientelas y les dieron la espalda a los colosos, una especie de “autofagia interna” (2) -comerse a uno mismo»- que regenera la política. La magia y el poder silencioso de los operadores políticos hizo su trabajo patriótico. Los gamonales electorales y sus maquinarias, sostenidas a punta de intimidación y amenazas, no dieron resultados.

Como los mafiosos, los políticos colombianos salen del poder por muerte natural, o pensionados, o se invisibilizan en sus “cuarteles de invierno” por fallos judiciales que les develan sus mentiras y tramoyas, o por autofagia interna, o por el castigo ciudadano. La vida útil de un político ronda hoy los diez años, como Richard y Hugo Aguilar o Rodolfo Hernández; una trayectoria como la de Jaime Durán, que mandó en la cancha 25 años, se volvió una excepción, como los narcos en los 80 -Pablo Escobar o los capos de Cali- que fueron amos durante casi dos décadas. Hoy un mafioso en su curubito tarda en ser neutralizado entre cuatro y cinco años. Los procesos de recambio y relevo son muy acelerados, y los políticos tienen muchas limitaciones emocionales para aceptarlo. Se condenan cruelmente a salir por detrás. Todo lo sólido se desvanece en el aire», escribió en 1848 Carlos Marx, para denotar como el capitalismo, sin hígados, destruye tradiciones, instituciones y valores estables para reemplazarlos por otros.

Durán y su círculo excluyente culpan de la debacle al poderoso contratista Julián Serrano, y a su “empleado” Mario José Carvajal: “me traicionaron, solo trabajaron para ellos”, concluyó el senador, cargando una tristeza inolvidable. La diferencia abismal entre las votaciones de las fórmulas de Aguilar y Durán son la evidencia misma (3) de esa convicción emocional. Los votos depositados por Cámara en el área metropolitana y en Barrancabermeja, donde los derrotados centraron su fortín y la inversión, son casi el doble de los del Senado. “Durísimo, nunca lo esperaban, fue un golpe mortal”, dice uno de sus alfiles que, incrédulo, olía el mortecino que venía.

Ellos manejaron la campaña en Floridablanca y Piedecuesta cerrados a los alfiles de Durán, y ahí castigaron al senador. “El representante caía muy bien, a diferencia del senador”, dice uno de ellos. En las huestes de Richard, el balance negativo y la desolación fue similar: “el bachiller no respondió, nos traicionó”, se justifican. Mas allá de las culpas y las suertes, lo cierto es que el contratista Serrano con la altísima votación de protegido, y sin senadores liberales, se erigió como el jefe natural del partido en Santander. ¡Habrase visto!

Poderosos contratistas de lo público, anónimos tras bambalinas, mandan y están configurando una nueva dinámica política que viene reemplazando el relato de los clanes: Julián Serrano, Mauricio Niño -el zar del licor-, el oscuro “bachiller”, Jorge Humberto Argüello Beltrán y los hermanos Alvernia (4). Es el nuevo “basilisco” que se está acrisolando: financian campañas, ponen alcaldes, concejales y congresistas, compran curules, nombran secretarios y funcionarios de poder, y gobiernan, disponiendo toda la contratación y los cargos, como ya sucede en Floridablanca y Piedecuesta. Asistimos, casi sin comprensión, a la legitimación de los contratistas, como los nuevos depositarios del poder político en Santander (5).

II

En la Atenas clásica los ciudadanos en asamblea votaban anualmente por las personas consideradas peligrosas o demasiado poderosas, quienes eran condenadas al ostracismo por diez años: se anotaba el nombre de los granujas en un fragmento de cerámica, el “óstrakon”; algo similar hicieron los santandereanos el 8 de marzo y sacaron del juego a los indeseables políticos, el exgobernador Aguilar y el senador Durán Barrera.

Fue el producto también, de una reacción clasemediera que sucede de cuando en vez. La debacle electoral sucedió básicamente en el área metropolitana de Bucaramanga, donde la mitad de los pobladores son de clase media, pesa la opinión libre, con bajo desempleo, pobreza manejable, y creciente desigualdad, pero solo el 10% de los pobres se creen tales; “los pobres son otros, nosotros no”, dicen (6). No es la pobrería, sino las clases medias insatisfechas, los perdedores, la fuerza impulsora de las revoluciones”, dice el filósofo Sloterdijk (7). Ahí podría estar el código del mito que pontifica que somos “una raza de levantiscos y rebeldes, que organizan revoluciones y asonadas”, lo que ha insuflado nuestras emociones más procaces desde los comuneros de 1781, mantra que religiosamente repetimos como loros.

Jaime Durán Barrera, (8) ha sido un “político tradicional, provinciano, calmado”, que empeña su palabra, ausente del debate de los problemas cruciales, “un congresista mudo” y rey de la manzanilla y la clientela. Ha sido un dirigente político gris, “camaleón”, sin visibilidad pública, siempre tras escena y distante de los medios y las redes. Amasó poder e influencia en la Comisión 5ª del Senado, en la Procuraduría y la Contraloría, donde tejió en filigrana una poderosa red clientelar y dispone de contratación jugosa, y se convirtió en todo un “mercader veneciano”, presto “para ayudar a resolver” asuntos disciplinarios y fiscales, y “promover” sanciones o preclusiones a tutiplén (9).

Como dios manda, Duran arrancó desde su pueblo siendo concejal de San Gil en 1988 y alcalde en 1990, arropado en el movimiento de Horacio Serpa. Con más de 25 años en el congreso sin mostrar ejecuciones con impactos reales para los ciudadanos, sus proyectos de ley, ponencias y debates de control político fueron inanes e intrascendentes, (10) pero con una habilidad de saltimbanqui para acomodarse siempre; sus escarceos con el petrismo, también le causaron un pasivo.

Su derrota es el fruto del desgaste natural de años, así como la ausencia de renovación y relevo de su tropa política. “No había a quien endosarle el movimiento, estaba el exalcalde Lucho Francisco Bohórquez, pero sus problemas judiciales lo impidieron, había pensado en pensionarse, pero al final no dio con quien reemplazarlo”, nos confesó un gregario suyo. El senador no se fue solo a la huesa, también lo acompañó el otro ex gobernador del clan, el apocado Mauricio Aguilar, a quien la Corte Suprema lo tiene contra las cuerdas por corrupción (11).

Durán esperaba 120 mil votos, la mitad “comprados” fuera de Santander (solo tuvo 38 mil votos aquí y 31 mil afuera), y, decía a sus conmilitones “que nunca se había sentido tan tranquilo, seguro y ganador en una campaña”. Como poseído por el síndrome de hibris” -la enfermedad del poder-, que trastorna la personalidad, una especie de arrogancia y confianza desmesurados que transgrede los límites mortales, rechazando advertencias y consejos, desafiando normas, y que conduce al fracaso o al castigo (12). Síndrome que carcome a muchos lideres, y que cuando viene por sus fueros, como “la parca”, es implacable, imposible de esquivar.

De antología fue el lema de su campaña “gran amigo de sus amigos”, bella pieza de arquitectura psicológica para enmarcar -un acto fallido freudiano- que resume a cabalidad como ha entretejido su gobernanza política: le ha garantizado canonjías y privilegios solamente para un selecto y habilidoso “roscograma” de amigotes, su “primera línea”, que sostienen su estructura, auténticos “manzanillos, nuevos ricos” o como diría el finado Rodolfo Hernández, “vagos con plata” gracias a lo público y a los óbolos abundantes que el senador les dispensa. El oráculo y patricio Horacio Serpa, decía que “el manzanillo es quien nos derrota en las elecciones” (13).

He conversado poco con el senador. A finales de 2013, gracias a su asesora de comunicaciones, Sandra Ordoñez, almorcé junto a unos directores de medios, en el Club del Comercio, de donde es socio y que convirtió en su oficina de trabajo. El propósito del ágape era relacionarlo con periodistas y la opinión, romper el hielo mediático que le asiste, y cómo visibilizarse más. De entrada, nuestra presencia lo puso rígido y receloso, sin dejar de mirar a los lados, como siempre lo hace, pero ya relajado, conversó con tranquilidad. Al final, cerramos la reunión con whisky y vino tinto, que aderezó un ahumado y cremoso salmón al tamal” que consumí, famoso en el club por esos días.

Recuerdo especialmente una conversación que tuvimos el viernes 23 de octubre de 2015, antes del triunfo a la alcaldía de Rodolfo Hernández. Le expresé mis dudas sobre el futuro del candidato liberal, y con la convicción de un viejo leñador, me dijo a rajatabla: “eso está listo, ganará Ibáñez”. En 2019, nos tropezamos en el Holliday y le pregunté lo que siempre preguntamos los que buscamos certezas en la política, a quien respaldarían los liberales a la gobernación, y ponderadamente me confesó, que como estaban las cosas, “vamos a terminar apoyando a Leónidas”, empresario de izquierda, quien iba a ser gobernador, pero sus emociones lo sacaron de este mundo cruel antes de las votaciones. Al final, primó más la negociación, y Durán estuvo con el último vástago de los Aguilar, quien ganó apretadamente, a pesar que el liberalismo, en un triple salto mortal, apoyó “de mentiras” a la finada evangélica, Angela Hernández.

La última vez que hablé con él fue en 2025 con un amigo en común que le pedía ayudas para proyectos de energías alternativas en el actual gobierno. No había cambiado mucho en años, corto en palabras, de hablado recio, cortante y convencido de lo que decía, pero, se le veía más delgado, y eran visibles sus estragos de salud, que lo atacan hace años y lo obligan a comer arroz blanco para mitigar sus achaques digestivos.

A pesar de colapsar juntos, las diferencias con Richard Aguilar son abismales. Durán ha sido un político profesional de carrera, sin vínculos ni investigaciones con grupos ilegales ni con narcos, a pesar que hizo un corto paseo por las huestes malolientes de Convergencia Ciudadana en 2002, y allí lo eligieron congresista.

III

El otro desterrado fue el “sex symbol” Richard Aguilar, a quien su padre, el coronel Hugo Aguilar, lo trajo mozalbete a Santander en 2011 ante la imposibilidad, por su captura, de repetir gobernación. Entonces tenía 29 años de edad, venia de las mieles de la diplomacia en Chile con una sólida formación profesional. Ganó de lejos la gobernación, y entonces arrancó una fulgurante y fugaz carrera pública, que se abortó en julio de 2021 -siendo un reputado senador- cuando cayó preso para ser procesado por concierto para delinquir y corrupción, sin condena alguna hasta hoy. En noviembre de 2022, el Tribunal Superior de Bogotá lo dejó libre por vencimiento de términos. Protegido de German Vargas, era el político de más futuro en los Santanderes.

En febrero de 2025, luego de un vergonzoso silencio, publicó varias fotos con su pareja, la modelo Estefanía Montoya Duque (cuya familia se hizo en la violenta comuna 13 de Medellín), con quien se casó por lo “alto”, como en un cuento de hadas, frente al mar, en Santa Marta, no sin antes pasar por cirugía plástica varias veces, y comprarle de compañía una costosa mini Poodle Toy –Choky un perro de cuarenta millones de pesos. En febrero de 2026, le tuvieron que realizar una cirugía que costó “la pendejada” de veinte millones de pesos, según testimonio de una de sus amigas.

Su regreso y la campaña fueron estelares y mediáticos, gracias a multimillonarios gastos, que exhibió la campaña, sin pudor alguno. En mayo de 2025 se graduó como Doctor en Derecho en la Santo Tomas, en julio arrancó a buscar avales y en octubre presentó su libro “En el foso de los leones”, en el Gimnasio Moderno de Bogotá acompañado de Alejandro Santos de Prisa Media, y, en Bucaramanga, en el Club del Comercio.

El libro es una perorata de autoayuda donde relata su experiencia carcelaria en el Batallón militar 14 de Bogotá y un llamado a la acción para “construir un país más seguro, justo y solidario”. Adornándolo de citas bíblicas, señala que la prisión fue una “dura prueba espiritual”, e invita al país para “sanar sus heridas y reconstruirnos como sociedad sobre lo fundamental: el amor y el respeto”. Contó que de recluso se percató quien lo acompañaba por “amistad sincera y quién solo por lo que le convenía”, que había experimentado un “renacimiento espiritual en la familia y en el amor de la mano de Dios y de su padre”, y que volvía a la política, “no por nostalgia ni revancha, sino para servir a Colombia”. Al parecer, se bautizó por el rito cristiano, se armó de una “aura victimizante” y empezó a posar como un “ser de luz que había renacido de las injusticias recibidas” (14).  

“Topoyiyo” como cándidamente lo llaman, regresó con un solo propósito: “limpiar mi imagen y la de mi familia”, pero ni los votos ni los ríos de dinero que invirtió no le funcionaron:  la ciudadanía y los operadores políticos poco le creyeron, lo traicionaron y lo derrotaron a mansalva. Allegados cuentan, que, ante el fracaso electoral, Hugo Aguilar, agobiado por afecciones cardiacas, estuvo cabizbajo, derruido, y en medio de la conmoción de Richard, los dos solo atinaron a decir: “nos traicionaron varios hijueputas y eso no se queda así”.

El regreso no estuvo exento de miedos y temores. Cuando lanzaban el libro en el Club, estaban paniqueados porque creían que la gente “les iba a hacer una manifestación de rechazo”, contó uno de sus asesores. La principal testigo en su contra, Claudia Toledo, ante su candidatura, dijo que “tiene cuero duro y mucha ambición por seguir en el poder” (15). A la vez que preparaba la campaña, le empezaron los señalamientos, por lo que ordenó a los suyos que solo movieran el dinero en efectivo y no hablaran ni publicaran nada en redes sociales.

De todo se ha dicho del delfín, le han construido una leyenda urbana, tanto de su vida privada, como de su gestión pública. En una entrevista, confesaba que “desde pequeño siempre me ha gustado liderar, gracias al ejemplo de mi papá, cuando me lancé a la gobernación nunca había habido gobernadores tan jóvenes, todos eran calvitos y canosos, y llegué entonces con una “carita de niño”, por lo que su contendor liberal, Cote Peña, al que derrotó estrepitosamente, lo saludaba incisivamente, “joven, cómo estás, todo despectivo como si fuera el niño, o un bobo” (16).

Como gobernador recorrió los municipios con la estrategia, “Encuentros con mi gente”, donde en medio de un show de televisión con la gente, había mucho, baile y regalos por doquier: pollitos en incubadora, balones de fútbol, cajas de dientes, electrodomésticos y dinero en efectivo. Al final, su favorabilidad rondó el 80% durante los 48 meses de gobierno, lo que mandatario alguno ha superado. Es de mentalidad más abierta, conciliador, menos sectario que su padre, “es la ventaja de la juventud”, afirma. Se acompañaba siempre de un cerrado sequito de jóvenes, y todos juntos iban de rumba, de paseo y trabajaban muy intensamente. Incluir a los liberales en el gobierno, le generó duras peleas con el coronel.

Se definía como “medio gomelo y admirador de Barack Obama”. Si algo lo caracteriza es su estilo comunicativo, magnético, dicharachero y conversador, cierto aire costeño y disciplinado, muy pendiente de su apariencia física, la manicure y el pedicure y echar mano de las cirugías y los “retoques”, “cuando toca”.

Muchos políticos también adquirieron un gusto especial por la belleza, las cirugías estéticas, los caballos y el ganado; algunos ni soñaban en tales oficios ni hobbies, pero se aficionaron a esos “gusticos”, los que financiaron con negocios públicos. En un accidente, perdió parte de su dentadura que le derivó en permanentes complicaciones y cuidados. En campaña, mandó llevar desde Bucaramanga a la provincia, su odontólogo personal, por un accidente menor. Un profesor de las UTS contó que lo visitó como gobernador y antes de atenderlo, “se encerró en el baño del despacho y salió como a los 15 minutos arreglado, más simpático de lo habitual y muy perfumado”.

Una última vez que conversé con Aguilar fue en 2019 en el hotel Holliday y ante la pregunta, que si Mauricio, su hermano, sería candidato a la gobernación, directo a la yugular, me dijo, “lo vamos a elegir”. Antes, había contado en la emisora de la UIS que quería que lo recordaran como un “benefactor de los niños”. En ambas ocasiones vestía con pantalones pitillo, de bota alta y zapatillas casuales juveniles.

Al final del camino, lo cierto es que Aguilar, como los políticos, es un negador profesional de las evidencias, que como catedrales, lo cuestionan. En septiembre de 2014, Aguilar fue al Vaticano a una audiencia privada con el papa Francisco para que le “bendijera” su megaproyecto del Santísimo, que terminó en elefante blanco. “Cuando se publicaron las fotografías del encuentro, se descubrió que, en realidad, el mandatario aprovechó una misa pública para darle un fugaz saludo en la plaza de San Pedro en medio de numerosos anónimos feligreses, como es usual. “Sigan trabajando, que así se construye la paz”, le habría dicho el papa a Aguilar, según un aviso de prensa oficial (17).

Era la promesa de la familia, el de mostrar, su padre era el más incisivo que se casara y tuviera familia, pero parece que el destino le tienen otros derroteros. A pesar de la impresión que siempre deja, “una persona de buenas intenciones, carismático, activo, juvenil, inteligente, bien parecido”, en ello “hay mucho de apariencias, arrogancia, ambición, derroche de dinero y mucha corrupción”, como el “novelón” de su matrimonio, que ha despertado muchas suspicacias, porque son “puras apariencias”, nos confiesa un miembro de su círculo familiar “¿Como es posible que alguien así, malograra su prometedora carrera?, se preguntan muchos. Pesa toneladas la herencia de su padre, el coronel Aguilar, “un cóndor sin alas”, hoy enfermo, desprestigiado y lleno de procesos judiciales, “san Benito” que cargará siempre toda su estirpe. Ese es el misterio e interrogante que su inmersión espiritual no ha podido resolver.

El delfín Aguilar, hace parte desde de una generación de poderosos políticos emergentes, que sedimentaron una matriz regresiva de lealtades y narrativas de derecha, y pese a que perdieron la gobernación con el general Juvenal Diaz, todavía controlan las autoridades ambientales y las grandes instituciones universitarias de la región —UIS y UTS—, donde aún conservan el poder y el manejo de los presupuestos y los contratos a través de sus alfiles, Omar Lengerke y Hernán Porras.

Tantos años en el poder, parecen llegar a su final: “hay un factor que inicialmente podríamos llamar de tolerancia, después de alcahuetería y hoy de complicidad, como se nota, en San Gil, Oiba y toda esa zona, allí hay una verdadera «admiración» a la astucia de los Aguilar, la gente disfruta contando pormenores de sus fechorías, muchas multiplicadas por cien, como los mitos, con pasmosa admiración y para ellos es la reencarnación de un Robin Hood que roba al Estado y entrega parte al pueblo y ven como natural que vivan como magnates”, concluye un esteta y dirigente gremial. “Algún día los van a meter presos a todos”, confiesa un político exitoso hoy magistrado, al referirse a estos políticos: “esta generación se corrompió y no resistirá mucho, nómbreme un solo político correcto y que no sea corrupto”, sentencia.

@JulioAcelas

Notas

  1. Algo similar sucedió en marzo de 2014 cuando los super favoritos y poderosos congresistas liberales, Jorge Gómez y Honorio Galvis, los quemaron estrepitosamente ante el asombro de todos. Fue el preludio del golpe mayor en octubre de 2015, cuando las invencibles clientelas liberales fueron derrotadas por el outsider populista Rodolfo Hernández, generando un tsunami político inimaginable. También sucedió en octubre de 2001 y marzo de 2.002, cuando en un auténtico “revolcón electoral”, 7 de 14 congresistas santandereanos, con más de 15 años de ejercicio parlamentario- perdieron sus curules y uno de pocos, el veterano Hugo Serrano, lo fue por escasos 237 votos.[1]Pero el batacazo final llegó en octubre de 2003, cuando el liberalismo perdió la gobernación con el coronel Hugo Aguilar Naranjo.
  2. Este concepto químico consiste en un proceso regenerativo de nuestro cuerpo, un mecanismo natural que ocurre a nivel celular. Reduce la probabilidad de contraer ciertas enfermedades y prolonga la esperanza de vida. En 2016 el Yoshinori Ohsumi ganó el Nobel por su investigación sobre mecanismos de la autofagia. Ver: https://www.bbc.com/mundo/noticias-44029658
  3. Mario José Carvaj MJC obtuvo en Floridablanca casi 10 mil votos más que Jaime Durán JD, en Piedecuesta MJC, más de 11 mil por encima del senador, en Bucaramanga MJC obtuvo arriba de 5 mil votos de JD. En Barrancabermeja, la fórmula de Richard Aguilar, obtuvo arriba de 17 mil votos, y el exgobernador escasos 1.600 votos. En todo el departamento, MJC alcanzo más de 61 mil votos y el senador Durán arriba de 38 mil votos y el “hijo del bachiller” más de 46.500 votos y Aguilar casi 26 mil votos. la tradición electoral de las fórmulas siempre arroja votaciones similares, pero esta vez la diferencia a favor de los candidatos a cámara fue muy elevada.
  4. Ver: https://www.lasillavacia.com/silla-nacional/santanderes/los-zares-de-los-licores-pusieron-su-ficha-en-el-hus// https://www.lasillavacia.com/silla-nacional/santanderes/el-nuevo-megacontratista-de-santander// https://www.lasillavacia.com/silla-nacional/santanderes/los-tentaculos-de-poder-de-la-familia-alvernia-en-santander// https://metropolitano.com.co/barrancabermeja-el-alcalde-el-contratadero-y-el-bachiller/
  5. Como en 2022, (es la usanza entre políticos), cuando Durán “vendió” la curul de cámara a Alvaro Rueda, el ventrílocuo de la familia Moreno, en 2026 hizo lo propio con el contratista Julián Serrano, dueño de la curul de Carvajal, quienes, con lo pagado, terminaron financiando la campaña del senador. Ocurrió también con Rodolfo Hernández en 2022, quien terminó “vendiendo” los cupos de la cámara a políticos que estigmatizaba, como Mario Camacho, Edgar Gómez y la familia Cortés de Barbosa. Según audios filtrados, tenían que pagarle al exalcalde sumas entre $100 y $350 millones para un cupo en cámara y el 10% de los honorarios de los elegidos. Ver: https://www.semana.com/nacion/articulo/filtran-audio-de-rofolfo-hernandez-pidiendo-dinero-a-quienes-quieran-integrar-su-lista-de-aspirantes-al-congreso/202124/
  6. Informe calidad de vida BM Como Vamos 2024-25.
  7. https://elpais.com/ideas/2024-07-14/peter-sloterdijk-filosofo-el-ser-humano-contemporaneo-solo-se-refugia-del-futuro-con-actitudes-frivolas.html
  8. Su biografía en: https://www.lasillavacia.com/quien-es-quien/jaime-duran-barrera/

9.   https://cuestionpublica.com/sabemos-lo-que-hiciste/jaime-duran-barrera/

  1. https://congresovisible.uniandes.edu.co/congresistas/perfil/jaime-enrique-duran-barrera/507/
  2. https://caracol.com.co/2025/10/27/ante-la-corte-quedo-acusado-mauricio-aguilar-exgobernador-de-santander-por-lios-en-contratacion/
  3. https://ethic.es/el-sindrome-de-hubris-psicopatologia-y-poder
  4. Ver: David González Escobar. “El valle de los “manzanillos”. En:https://www.elcolombiano.com/opinion/columnistas/el-valle-de-los-manzanillos-CL19039380. Según el “Diccionario de colombianismos” de Gonzalo Cadavid Uribe, un manzanillo se define como un “hombre sin moral, sin decoro (..) que pone a su servicio toda la bajeza de los hombres y toda su falta de hombría de bien para sus fines siempre oscuros. Llámase manzanillo porque sus frutos y su sombra, como los del árbol de ese nombre, son dañinos y venenosos. El “manzanillo, por lo general, medra en los laberintos del pequeño poder, de la intriga de momento, es el que arregla, compone y negocia el pequeño detalle para sacar de él algún beneficio personal o para su jefe político”.
  5. https://www.youtube.com/watch?v=2I28SS8QdII. Me recuerda el argumento del escritor italiano, Italo Calvio, quien decía en 1995 que “asistimos en este siglo a una “peste del lenguaje”. En: Seis propuestas para el nuevo milenio.
  6. Caracol Noticias TV: https://www.youtube.com/watch?v=L4gONZva4-Q
  7. María Gabriela Quintero Rmirez, Tesis Universidad Javeriana en Ciencia política. Entrevista a la familia Aguilar, 2016.
  8. https://www.semana.com/polemica-por-viaje-de-richard-aguilar-el-vaticano/402140-3/

*La parte II versará sobre el colapso de los independientes y de otros viejos gamonales, del triunfo de los candidatos amigos del gobernador y el fortín clientelista de las UTS.

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