Por ISMAEL OROZCO*
Mucha preocupación en la gente del común, por un lado, y bailes saturados de aplausos por parte de quienes están situados a la derecha de la extrema derecha colombiana.
Algunos de los analistas financieros al servicio de los gremios económicos se apresuran en sus cálculos. Los iraníes cerraron el paso de todo tipo de buques por el estrecho de Ormuz, por donde transita el 25% del petróleo que se produce en el mundo. Esto se traduce en subida monumental de precios en el crudo y comienzan a hacerse cuentas de lo que representa el fenómeno para Ecopetrol. Y, por supuesto, para el país.
Poco han indagado sobre el petróleo en Colombia; cuánto se produce, quién lo produce, qué se hace con él y que dificultades se presentan para generar ingresos contantes y sonantes.
Como es producto estratégico para el país y en tal medida cualquier afectación impacta en la vida de los colombianos, es importante hacer algunas reflexiones:
El petróleo de «calidad excelsa» como el de Cusiana, Cupiagua y Caño Limón, pasó a la historia. Hoy se exporta Castilla Blend, Magdalena Blend y Vasconia. Son crudos pesados que, después de mezclarse con diluyente, alcanzan 18,8 API. Solamente el 64 % de cada barril de este crudo (Castilla Blend) se puede convertir en productos blancos».
El Magdalena Blend es menos pesado que el Castilla Blend, con 20,4 API después de diluido. El Vasconia Blend es la variedad más liviana de los crudos exportados, con 24,3 API, su viscosidad «no supera los 40 centistokes».
Transportar y refinar esos crudos pesados trae complicaciones, como que hay que mezclarlos con diluyentes. Esos «mazacotes» pesados dificultan ser movilizados, tanto por oleoducto como por camiones. Atascan las tuberías, incluidas las de refinerías, y bombear el crudo demanda más trabajo y más costo.
Entonces se obliga a utilizar diluyentes para resolver. Entre los diluyentes más usados están la nafta, el condensado de gas natural y crudos más ligeros.
La nafta se utiliza mucho porque es altamente efectiva para reducir viscosidad, de bajo costo relativo y buena disponibilidad. El problema es que obtenerla genera costos en refinación. Las proporciones de mezcla oscilan entre 20% y 50% del volumen total, dependiendo de la densidad del crudo.
En columna anterior relacioné la cantidad de refinados que debía importar el país, porque las refinerías no tienen capacidad para producir todo lo que se consume. Nadie ha presentado argumento soportado, hasta ahora, que pueda conducir a la conclusión de que se importa porque sale más barato que producirlos aquí. Nuestras refinerías, a diferencia de las del Golfo de México de USA, no están diseñadas para procesar directamente crudo pesado. Solamente el liviano o el diluido.
Entramos entonces, rápidamente, en el asunto de costos:
En noviembre de 2025 Colombia EXPORTÓ crudos por valor de 273 millones de dólares, e IMPORTÓ refinados por 231 millones de dólares. Refinados que aparejan costos de comercialización y más impuestos o sobretasas. La diferencia de 42 millones de dólares no da ni para pagarle a USA la cuarta parte de los 151 millones de dólares que debimos pagar, por importar maíz, de allá mismo.
El lunes 2 de marzo de 2026, cuando reabrieron las bolsas de valores de todo el mundo y la guerra se intensificó, el petróleo Brent llegó a subir 13% y superó los US$82 por barril, su mayor avance en cuatro años. Ojalá que quienes hoy aplauden la guerra no tengan que lamentarlo ese día, porque seguramente, dentro de poco, la rebaja de los $500 por galón de gasolina a partir de la semana entrante pueden ser $5.000… pero de aumento.
* Ingeniero de Transportes y Vías de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia (UPTC). Exalcalde de Floridablanca, gerente de los Ferrocarriles Nacionales división Santander, director del distrito 15 de Carreteras del entonces ministerio de Obras Públicas.