Mi candidato

Por PUNO ARDILA

Don Emilio Tres Peñas es un santandereano auténtico, cuyos comportamiento y humor, basados en la picaresca regional, enmarcan palabras sabias (pero directas) y anécdotas sobre la vejez, la salud (la “EPES”) y la actualidad social, que logran conectar con todo el país a través de la cotidianidad.

De Tres Peñas podemos esperar críticas a las promesas de campaña, incluso a las propias, pero mucho más absurdas y brutalmente honestas. Hablará de roscas y se burlará de cómo se reparten los puestos, y dirá que él únicamente nombrará a sus amigos del partido de dominó. Acerca de la salud y las pensiones, su tema estrella, propondrá su primera ley: que las citas médicas no duren solo quince minutos.

Don Emilio Tres Peñas es el portavoz de quienes ya están cansados de lo mismo. La pregunta que queda rondando es si habría diferencias sustanciales con los demás candidatos o sería uno más de los que hacen promesas imposibles de cumplir, que hablan sin fundamentos y que sueltan peroratas confusas.

A diferencia de los candidatos tradicionales, Don Emilio tendría ventajas (o desventajas, según se mire). Honestidad brutal, porque, mientras un político usa eufemismos para no decir nada, don Emilio dirá: «Mire, hijuechuca, plata no hay, porque se la mecatearon». Su programa de gobierno no estaría lleno de gráficas, sino de quejas reales de alguien que hace fila en la farmacia. Ausencia de filtro, porque los candidatos suelen estar muy asesorados por expertos en imagen, y don Emilio es un hombre de una sola pieza; su autenticidad es su mayor activo, aunque esa misma falta de filtro lo meta en problemas diplomáticos cada cinco minutos.

Sin embargo, al igual que muchos políticos que usan términos técnicos para enredar al votante, don Emilio usa el costumbrismo y los refranes para irse por las ramas. Podría responder a una pregunta sobre el déficit fiscal con una historia de diez minutos sobre una mula que tenía su abuelo en Piedecuesta, y deja al elector igual de confundido. Seguramente haga promesas imposibles, como, por ejemplo, que de ahora en adelante el chicharrón va a ser carnudo por decreto nacional: promesa populista que apela a la emoción, no a la viabilidad económica.

Como mesías del sentido común, ojalá no caiga en la trampa de creer que los problemas complejos de un país se arreglan con verraquera y mano dura (o mano santandereana, mano), algo repetido en muchas campañas reales que terminan en frustración.

Don Emilio Tres Peñas será nuestro espejo, porque, en el fondo, la política muchas veces parece una rutina de humor: narrativa, exageración y convencer al público de que el candidato es la solución a todos sus males. Eso sí, después del mitin, habrá “guapanela” para todos.

@PunoArdila

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