Por PUNO ARDILA
—Díganme ustedes qué piensan si les digo que se lanza para la Presidencia el candidato que se identifica plenamente con el santandereano.
—Si es el que me imagino —contestó de inmediato el ilustre profesor Gregorio Montebell— esa sería una campaña digna de alquilar balcón; porque si un líder como este decide dar semejante salto hasta la Casa de Nariño, el panorama político colombiano daría un giro de ciento ochenta grados hacia la chispa regional y la verraquera santandereana. ¿Sí es el que estoy pensando?
—Ya les diré.
—Ojalá sea el que estoy pensando. De ser así, seguramente su discurso será de “cero tinterillos”, sin lenguajes técnicos ni promesas vacías, sino directo, como buen santandereano; y en lugar de aburridos debates sobre macroeconomía, probablemente explicaría el presupuesto nacional comparándolo con lo que le rinde la pensión después de pagar la “EPEESE”.
—Pero así son todos, o casi todos —replicó Catalina Arana—, que buscan la manera de decir las cosas, las que saben y las que no saben.
—Pues este candidato está conectado con el pueblo real y representa al ciudadano de a pie: el que se queja de las filas, el que recuerda con nostalgia los tiempos de antes y el que no tiene pelos en la lengua. Su mayor activo es la autenticidad. En un mundo de políticos acartonados, este abuelo cascarrabias dice las verdades “a lo que es”, y podría canalizar el voto de protesta de una manera muy interesante.
—Usted está hablando de un santandereano que ya murió.
—No; este —según él mismo— todavía “vive de milagro”, y precisamente incluye como lema de campaña: «Si yo sobreviví a la EPS, puedo salvar a este país». Además, su gabinete no tendría ministros, sino compañeros de confianza que sepan de la vida real, no solo de libros. La verdad es que no sería el primero de su “especie” en intentarlo, como en su momento Jaime Garzón, aunque con un tono diferente, o, en el ámbito internacional, como Volodímir Zelenski. El riesgo es que la gente no sepa dónde termina lo uno y dónde empieza lo otro (es decir, la propuesta), pero él tiene astucia y formación para darle un trasfondo interesante si quisiera. En resumen, esta sería una campaña basada en identidad regional y en sentido común, y Colombia pasaría de las peleas en las redes a los cuentos en la plaza pública. Con el temperamento que tiene este candidato, no dejará títere con cabeza en el Congreso.
—Esa es precisamente la magia de un candidato como este —precisó Montebell—, que puede decir verdades incómodas sobre la realidad del país, que un político convencional jamás se atrevería a pronunciar, y la gente se ríe en vez de ofenderse.
@PunoArdila